miércoles, 22 de julio de 2026

La belleza de la Naturaleza según Vladimir Soloviov por Miriam Fernández Calzada - La Naturaleza como templo por R.W. Emerson

 



Maribel Orgaz @curionatural
En lengua española tenemos la fortuna de leer, directamente traducidos de su lengua original, un interesante conjunto de escritos acerca de la belleza y la Naturaleza del gran pensador ruso Vladimir Soliviov Владимир Соловьев incluidos en el volumen La transfiguración de la belleza publicados por la editorial Sígueme.

Esta cuidada edición de Vladimir Soloviov (1863-1900) ha sido realizada por Miriam Fernández Calzada, profesora de filosofía en la Universidad de Valladolid, y probablamente la mayor experta en lengua española en su pensamiento. Fernández Calzada es autora de la tesis doctoral Vladímir Soloviev y la filosofía del Siglo de Plata. Lo estético como factor religioso-transfigurativo

"Sobre la estética nunca concluyó su obra", explica Fernández Calzada, debido a su muerte prematura a los 47 años. 

Sin embargo, y a pesar de no formar un corpus, los textos aquí reunidos son interesantes para quienes buscan, a través de las construcciones teóricas de diferentes pensadores nuevas formas de establecer una relación más justa con las otras especies.  

"La belleza del mundo es valiosa en sí mismo", según Vladimir Soloviov y en esta idea hay una conexión con el pensamiento de la filósofa española Marta Tafalla, "porque no depende de la utilidad para el ser humano."

Aunque, a diferencia de la profesora Tafalla, Vladimir Soloviov, hijo de un sacerdote, y creyente, conecta esta belleza "encarnación de la verdad y el bien", a un significado mayor "la prueba de que el mundo físico no está abandonado al caos sino que aspira a una armonía divina".



Este nexo con la divinidad le sitúa junto a los trascendentalistas norteamericanos encabezados por Ralph Waldo Emerson (1802-1882) para quienes la Naturaleza era la manifestación directa de Dios y el mejor templo para sentir su presencia. 

Si Vladimir Soloviov escribe en este ensayo "el espíritu divino iluminando la materia física, anticipa la transfiguración final de todo el cosmos, la omniunidad" (...) su belleza es la encarnación de una idea, de la materia portadora de luz y del sentido universal que se despliega en toda su plenitud".

Ralph Waldo Emerson, por su parte, en su ensayo Naturaleza (1836) defendía que un paisaje es la manifestación del espíritu y que el ser humano se funde en la divinidad a través de su contemplación.



"La belleza es el fin al que aspira y tiende el universo. No se trata, por tanto, de un mero objeto de contemplación, sino de una fuerza creadora y vital, capaz de actuar sobre el mundo y transformarlo", Vladimir Soloviov.

"Vemos el mundo por partes, como el sol, la luna, el animal, el árbol; pero el todo, del cual estos son las partes brillantes, es el alma. Esa gran naturaleza [...] esa unidad, dentro de la cual la existencia particular de cada hombre está contenida y hecha una con todas las demás", R.W. Emerson


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Ecoanimal, Marta Tafalla y la estética de la naturaleza 


lunes, 13 de julio de 2026

Comer dragones - Los animales en la novela Las hogueras de Concha Alós. Premio Planeta 1964


Isla famosa,
aquí estoy despedazado.
Ruge el cielo: las nubes se aglomeran.
José Martí


Maribel Orgaz @curionatural
La recuperación de la obra de la novelista y guionista Concha Alós es muy reciente. Dos veces ganadora del Premio Planeta, algo que sólo se ha dado una vez en la historia de este premio, del que hay que destacar que es el mejor dotado en lengua española y uno de los mejores dotados del mundo.

Del tremendismo, fatalismo y etc. de su obra pueden encontrarse muchas referencias en internet y de que Las hogueras (Premio Planeta 1964) tuvo más de treinta ediciones en veinte años y que fue llevada a la pantalla por Pilar Miró puede leerse aquí. 

Sin embargo, esta novela tiene un interés insospechado y es la importancia de los animales que van y vienen en la narración. Ya sea de manera individual o en grupo. Y cómo el comportamiento hacia ellos acentúa la oscuridad de la narración.  

Las hogueras está ambientada en Son Baulo (Mallorca) en donde un hombre rico convive desde hace diez años con una mujer muy bella a la que rescató, por así decir, de ser explotada por un buscavidas parisino.

Mientras él, un holgazán pusilánime, pesca y lee; ella se aburre. 

Gatos, peces, perros y hasta dragones, como llaman los lugareños a las lagartijas, viven su destino junto a estos hombres y mujeres. 

Y Concha Alós dedica un espacio considerable para la extensión de esta novela, a su suerte. 

Pero con una diferencia, la mirada cruel sobre los protagonistas humanos se transforma en una piedad feroz por el destino de los perros de Son Baulo a los que, declarada una epidemia de rabia, exterminaron sus propios amos a quienes servían con lealtad: "algunos les pegaban un tiro; otros, los más, los colgaban o los tiraban dentro de una poza con un canto al cuello". 

Por los peces que el rico Archibald captura sin otro motivo que sentirse poderoso y al que por un instante hace ser consciente de su iniquidad "sintió una compasión obsesionante y desgarradora al sacarlos del agua con el volantín" (...) estaban vivos, más vivos si cabe que dentro del agua (...) Luchando contra algo que no entendían, marcando con la boca una O anhelante. Tal vez suplicando desde el fondo de cada una de sus células al ser que los precipitaba a la muerte. No queriendo morir".

Esos mismos peces que son echados a los gatos al volver a casa y que cuando un día parecen desmejorados, la criada cubre de ignorancia al señalar que los más lustrosos están así porque sólo comen dragones "se envician, luego no quieren otra cosa y los dragones los dejan secos, encanijados". 

Aún está por escribir una biografía de Concha Alós para saber si esta presencia en su obra de ficción era reflejo de algún rasgo de su propia vida. Si era amante de los animales, si fue socia de alguna sociedad protectora de animales y plantas o cultivó un jardín. 


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miércoles, 8 de julio de 2026

Nada se ha perdido. Rosa de Siria - Hibiscus Syriacus - La Cabrera, Malasaña, Colmenar Viejo. Madrid

 


Mi corazón era una flor,
de espuma;
un pétalo de nieve.
Alfonsina Storni



Maribel Orgaz @curionatural
Estos días florece en Madrid la Rosa de Siria Hibiscus syriacus. La he visto en el barrio de Malasaña, en el pueblecito serrano de La Cabrera y la saludo cada día en mi camino a recoger el periódico que es donde he tomado esta fotografía. 

Que se llame rosa de Siria o incluso de Saron nadie acierta a explicarlo porque es originaria de la India según aseveran los coreanos.

Que quizá sean quienes más la aman. En su cultura, se llama mugunghwa o flor eterna que nunca se marchita. La etimología de la palabra (무궁), explican, se refiere a la eternidad.

En su moneda, en sus pasaportes, en la más alta distinción que otorga este país, la Rosa de Siria es el emblema elegido y los coreanos afirman que los antiguos chinos se referían a Corea como la tierra de los hombres sabios donde florecen las flores mugunghwa. Por si no fuera suficiente, el 8 de agosto celebran el Día de Mugunghwa.

A esta planta le gusta el calor, no le importa la contaminación de las ciudades, no necesita mucho riego, sus flores viven uno o dos días e inmediatamente cada tarde, casi en la noche, florecen capullos nuevos. 

Y yo, cada mañana, contemplo las flores caídas ya marchitas mientras resplandecen otras blancas como la espuma en el azul del cielo. Nada se ha perdido, afirma con deleite este arbolito.    


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Como un don del mundo - Hibiscus en el Paseo marítimo de Málaga