A veces uno es manantial entre rocas
otras veces, un árbol con últimas hojas.
Mario Benedetti
Maribel Orgaz @curionatural
Antes de los lirios de cuaresma y la passiflora camino cada día a por mi periódico bajo 25 olmos siberianos Ulmus pumila. Los plantaron en fila hace más de cuarenta años. Sólo un par de ellos han tenido que ser sustituidos por ejemplares más jóvenes, los otros 23 resisten impertérritos las podas desmesuradas, los alcorques asfixiantes.
Antes de los lirios de cuaresma y la passiflora camino cada día a por mi periódico bajo 25 olmos siberianos Ulmus pumila. Los plantaron en fila hace más de cuarenta años. Sólo un par de ellos han tenido que ser sustituidos por ejemplares más jóvenes, los otros 23 resisten impertérritos las podas desmesuradas, los alcorques asfixiantes.
Este verano han sufrido quizá como ningún otro. Los biólogos hablan de estrés hídrico, de cómo el árbol se esfuerza por captar agua profunda.
A menudo, palomas, mosquiteros, gorriones, colirrojos, mariposas de la col, atraviesan la acera desde el seto de boj hasta sus copas. Aunque desprendan hojas desde junio, la vida les abruma todo el año con su alegría.
Pero ellos, como dioses vencidos, traídos desde Siberia o Mongolia, atados a esta servidumbre, obligados a ser cálidos, sólo pueden contemplar, apartados de sus nieves, estas sierras, sus migraciones.
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