lunes, 12 de octubre de 2020

El mundo apacible al pie del Guadarrama de Eduardo Rodera. La travesía a nado de Peñalara y una casa hidalga con pozo de nieve - Museo Rodera-Robles, Segovia

 


Ángel Eduardo Rodera, segoviano, y su esposa fotografiaron las fuentes, los pueblos, sus paisanos y todo cuanto encontraron en sus recorridos por la provincia de Segovia desde 1949 a 1979. De todos los rincones que visitaron amaban especialmente La Granja en donde se hicieron construir una espléndida casa. Allí invitaban a sus amigos con los que hacían caminatas y paseos por el camino de las Pesquerías Reales, el puerto de la Morcuera o la Fuente de los llamados Moralistas que no es otra que la Fuente Cossío. 

Eduardo y Rafaela han legado un inmenso archivo fotográfico propio y unos 200 cuadros cuyo único motivo común es Segovia; les era indiferente la calidad de la pintura, compraban de manera sentimental. Además, adquirieron cerámica del taller de Zuloaga, obras de Fortuny, Sorolla y Beruete e instantáneas de otros fotógrafos también segovianos y como detallan casi con regocijo, periódicos y expertos, decenas de caprichos como un casco de coracero.

En estos días, además de la obra pictórica, se ha preparado una muestra, El mundo apacible al pie de Guadarrama en la que es posible contemplar cómo eran en los años cincuenta, eventos como la Travesía a nado de la Laguna Grande Peñalara que se celebró cada primer domingo de agosto desde 1927 a 1997. 

Al no tener hijos, el matrimonio creó la Fundación Rodera-Robles cuya sede se encuentra en una hermosa casa señorial del siglo XV en torno a una plaza pequeña, en el Barrio de los Caballeros, un poco a trasmano de la corriente principal de la ciudad. 

La Casa del Hidalgo que antes acogió el Museo Provincial fue adquirida por la Fundación como sede y la restauración ha sido tan cuidadosa que la sensación del visitante es un viaje inmediato al pasado: la fuente de piedra oscurecida con los dragoncillos, los cantos rodados con los que se ha dibujado el suelo del patio, la espesa madera y la fresca humedad que rezuman las paredes. El silencio y la austeridad, la enorme chimenea y los techos altos. Para no faltarle nada, la casa tiene un pozo de nieve. 


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