viernes, 31 de julio de 2020

El agua nos hace felices - Una alegre cascada irlandesa en el condado de Leitrim


El ruido del agua es el sonido preferido para todos aquellos que quieren relajarse. En Tik Tok han elaborado una lista de los 10 vídeos más visto o escuchados en Youtube para alejar las preocupaciones y conciliar el sueño.

El primer puesto lo ocupa un sencillo vídeo de 10 horas de lluvia  que tiene casi 100 millones de visitas pero el número dos es una fuerte tormenta y el número tres, el sonido de las olas en una playa.

Según parece, nos gusta el sonido del agua de cualquier manera y esto incluye escuchar cómo golpea el techo del coche; un vídeo con casi 20 millones de visitas que ocupar el lugar número nueve en este ranking.

La mayoría de estos vídeos de sonidos relajantes no tienen detrás una autoría clara, en ocasiones son bucles de unos minutos repetidos de manera continuada pero los del artista irlandés Johnnie Lawson se reconocen entre todos ellos.

La grabación más apreciada por los seguidores de Lawson dura ocho horas y consiste en el alegre transcurrir del agua bajo un puente mientras los pájaros cantan. Lawson comenzó sus grabaciones en 2009 y este vídeo no sólo ayuda a la gente de todo el mundo a conciliar el sueño, se ha utilizado con buenos resultados en la recuperación de pacientes en las Unidades de Cuidados Intensivos hospitalarias.

"El mundo va demasiado rápido", comentó en una entrevista, "tenemos que aprender a escuchar y mirar más lentamente".

domingo, 26 de julio de 2020

Cómo vivir mejor, instrucciones sencillas desde los dominios del Kan - Carbonero garrapinos



Carbonero garrapinos -  Periparus ater

Los habitantes de Sofía, la capital de Bulgaria, votaron su pájaro preferido hace ya algunos años y el ganador fue el carbonero. Siempre está con nosotros, argumentaron. Mientras que otros migran y vuelven, él se queda en nuestras calles todo el año. Su canto, que incluye más de 40 sonidos, alegra nuestras horas. Palomas y gorriones también nos gustan pero ninguno tanto como el carbonero. Mientras, en La Coruña, colocan nidos a la espera de que el carbonero quiera habitarlos. Qué misterio esconden los antiguos dominios del Kan, la ciudad de los manantiales, para que este ave nunca quiera dejarlos. Sería un buen motivo de intercambio. Enviemos a esas tierras lejanas observadores internacionales que traigan noticias de cómo vivir mejor. Que vuelvan con instrucciones sencillas: anda en el aire libre, escucha los pájaros. 



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid


viernes, 24 de julio de 2020

La belleza del tulipán Rembrandt - Museo Thyssen Bornemisza y Real Jardín Botánico, Madrid (España)


En 1634, Rembrandt retrató a su esposa, Saskia como la diosa flora. En su tocado, un tulipán algo lacio cae sobre su oreja. Según parece, no hay otra obra del autor en la que haya dibujado esta flor. Es curioso porque eran los años en los que, los holandeses protestantes se habían encaprichado de ellos y en especial, del llameado del semper augustus. Llegaron a pagar el precio de una casa por sus bulbos y esto también fue así, en parte, porque nadie sabía cómo lograr tulipanes rotos. 

Estos días, en el Museo Thyssen Bornemisza  aquellos holandeses que hicieron de los bulbos de flores, un comercio riquísimo, nos contemplan vestidos de oscuro y entregados a sus vidas burguesas, prósperas y predecibles en una exposición extraordinaria, Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670.
"Junto a treinta y nueve retratos, se presentan destacados ejemplos de otros artistas activos en Ámsterdam durante el «siglo de oro» holandés, sumando un total de 80 pinturas, 16 grabados y una plancha de grabado, algunos nunca antes vistos en Europa".
Entre los retratos de médicos, parejas, artesanos o grandes de la ciudad de Thomas de Keyser, Frans Hals o Bartholomeus van der Hels; el visitante percibe la fatuidad bajo ropas y banderolas y tiene presente la pasión de codicia que latía bajo las maneras más humildes. 

En este sentido, los pintores contemporáneos de Rembrandt se revelan quizá de manera inconsciente como perfectos fotógrafos de su tiempo: en las rígidas gorgueras y los austeros paños negros, se adivina el disfraz del eterno gusto por el lujo de los ricos, aunque en la Holanda de aquella época fuesen comerciantes puritanos a los que les estaba vedada, para diferenciarse de los católicos, la ostentación.


En 1637, la especulación con los bulbos de tulipán llegó a su fin. Las grandes ganancias comerciales había que lograrlas en otro lugar y el capital se movió, como sigue haciendo cuando un nicho se agota, a otros productos más rentables. Los precios se desplomaron y aún se discute si la burbuja especulativa fue tal o sólo un capricho momentáneo de los más pudientes que hacen de la posesión de piedras preciosas, telas suntuosas o animales exóticos rasgos de diferenciación.

En esta discusión que atañe sólo a los economistas, dos aspectos nos siguen cautivando. Por un lado, Rembrandt emerge, una vez más, como el gran pintor que era. Vendió sus cuadros a los mismos clientes que sus contemporáneos pero como puede verse aquí y por eso le apreciamos tanto, era indiferente a su ostentación, pretensiones y orgullo. 

Sus hombres y mujeres retratados eran bajo su pincel, extraordinarios vistieran como vistieran, posaran como posaran. Sus amas de casa, sus médicos y sus artesanos no necesitaban fingir modestia, no necesitaban aparentar ser importantes. Todos ellos fueron valorados como merece cualquier persona, como un misterio sagrado, como un milagro de vida. 

El tulipán del retrato de su esposa era apenas un adorno marchitándose porque la llamada tulipmanía no mereció su atención. 

La visita a esta exposición no está completa sin otra, ya en abril, al Real Jardín Botánico, en donde podrán verse cientos de tulipanes, plenos de belleza y en especial, la del llamado tulipán Rembrandt con sus destellos y llamas, con esas plumas de color que hacen de cada ejemplar, algo único. 

La segunda fascinación es que paseando entre ellos, airosos o inclinados hacia su Creador, se entiende por un instante, el ansia de posesión que una vez arrebató a todo un pueblo.


Rembrandt y el retrato en Amsterdam 1590-1670
Hasta el 30 de agosto
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (España)

Real Jardín Botánico 
Madrid, España




jueves, 16 de julio de 2020

Apiadarse del desconsuelo - Urraca




Urraca -  Pica pica

Son los chinos quienes más quieren a las urracas a las que consideran inteligentes, divertidas, compasivas. En una de sus antiguas leyendas dos amantes fueron separados por el capricho de una deidad taoísta y las conmovidas urracas se apiadaron de su desconsuelo formando un puente celestial para que ambos se encontraran. Así, cada séptimo día del séptimo mes del año, los chinos celebran la festividad de Qi Xi, ( 七夕; pinyin, qī xī ) el día de los enamorados y es costumbre, continúan las crónicas, que las muchachas se reúnan llevando fruta y murmuren en voz queda sus plegarias: rogamos por un dulce amor que conmueva a nuestros pájaros, un amor fiel que sobrevuele nuestros cielos.


La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid


martes, 14 de julio de 2020

Cómo los alegres pinzones cambiaron el mundo. Una mirada nueva a las Encantadas - Las Islas Galápagos, Fray Tomás de Berlanga y Charles Darwin. Una propuesta de excursión.


En 1535, España batallaba para recuperar Túnez que había sido tomada por los turcos. Carlos I, el último de los reyes españoles que tuvo una corte itinerante, encabezó  una fuerza militar descomunal que exigió enormes recursos de varias naciones.

Mientras, en ese mismo año, se había enviado a un dominico, un hombre que pertenecía por su formación y mentalidad, aseguran los historiadores, al Renacimiento, a mediar en la disputas de reparto de tierras del Perú. Fray Tomás de Berlanga que así se llamaba, conocía el Caribe al que había sido enviado en 1510 y México. Era un hombre de experiencia en las tierras de ultramar. Nombrado obispo de Panamá, embarcó para dirigirse a Lima a cumplir las órdenes reales.

Lo que ocurrió ha sido descrito en multitud de ocasiones. El barco, arrastrado por la corriente de Humboldt arribó a unas islas, las Encantadas, de las que no se tenía descripción. Fray Tomás y la tripulación desembarcaron en busca de agua. Las tierras no podían ser cultivadas, escribió el dominico en su carta al Emperador, estaban llenas de tortugas, pájaros que se dejaban coger "bobos", lagartos, iguanas y multitud de monstruos marinos.

Fray Bartolomé era un hombre de gran cultura humanista, de amplios conocimientos en ciencias naturales y habilidades naúticas: él calculó la posición exacta de las islas y orientó de nuevo al barco para volver al continente.

Las islas Galápagos o Archipiélago de Colón fueron de inmediato aprovechadas como punto de abastecimiento de carne y agua dulce para los barcos y refugio de piratas; pero de nuevo los españoles las visitaron de manera oficial en otra grandiosa misión, la expedición Malaspina en 1790.

Para perplejidad de cualquiera, el ingente material que este ambicioso empeño generó no fue incorporado de forma plena al conocimiento de las ciencias. Y para terminar de estropearlo todo, Malaspina se enemistó con la corona.  Los materiales, desde herbarios a dibujos, diarios y mapas se guardaron en archivos, se repartieron entre diferentes instituciones y museos e incluso han aparecido no se sabe cómo, en colecciones particulares rusas.

Las Galápagos quedaron a la espera de otra oportunidad. En 1835, al igual que España casi cien años antes, Gran Bretaña envió un barco de la marina a cartografiar aquellas islas pero en esta ocasión, Occidente había dado un salto cualitativo enorme en su estructura de pensamiento.

En 1835, los dogmas de la Iglesia se habían retirado en favor del conocimiento científico. Habíamos dejado atrás la verdad inmutable para abrazar la duda. La riqueza ya no podía heredarse a través de las tierras y los siervos; había que comerciar, educarse, salir de la clase social en la que se había nacido. La literatura, como el Arte, daban la pista: era el tiempo de Dickens, Balzac, Pérez Galdós, de los grandes realistas rusos. Ellos trasladaron a la novela el método de la Ciencia: observa con atención y describe lo que ves, traza una hipótesis que proponga algún tipo de certeza.

En el siglo XVI, Fray Tomás sólo podía ver en pingüinos y tortugas, la gran obra perfecta y acabada de Dios porque su mente permanecía atenazada bajo el yugo de la religión. El gran Alejandro Malaspina estaba sometido al poder de una casta, los monarcas. El rey le proveyó de recursos pero se desentendió de todo su legado de conocimiento porque no lo necesitaba para continuar en el poder.

Hubo que esperar a que los hombres observaran el mundo, pensaran con más libertad  a través de nuevos paradigmas y pudieran publicar sus conclusiones sin ser condenados por ello -porque la sociedad necesitaba este conocimiento- para trazar una de las hipótesis más revolucionarias: sobrevivimos porque cambiamos adaptándonos lo mejor posible al medio natural.

Charles Darwin publicó en 1859, tras su viaje a la islas Galápagos en 1835, El origen de las especies. Este salto cuántico en la manera de pensar se produjo en buena medida, no tanto por las tortugas que los marinos llevaban a los barcos como provisión de carne o los caimanes que gustaban de disecar y exhibir en las iglesias, sino observando un pequeño pájaro: el pinzón.

Darwin estudió las 17 variedades de este avecilla preguntándose a qué se debían. Es asombroso que una teoría alumbrada por un pájaro de 21 gramos fuera capaz de remover la tierra al completo bajo los pies.

Un paseo por la historia de nuestro conocimiento

"Allegro come un fringuello" (Alegre como un pinzón) dice la vieja canción infantil italiana y si quieres recorrer este logro asombroso de avance del conocimiento que tantos siglos nos costó trazar, te propongo una excursión.

Puedes comenzar por el siglo XVI en tierras sorianas. Allí vamos a ver el caimán que Fray Tomás se trajo a España y que aún se conserva en la Colegiata de su pueblo de nacimiento, Berlanga de Duero, en donde el enérgico fraile dominico está enterrado.


Después, avanzamos hasta el siglo XVIII, para recalar en Madrid, donde pueden rastrearse algunas piezas de la colección Malaspina que están repartidas en varios museos como el de América o el de Ciencias Naturales. 


Y ya en el siglo XIX,  y sin salir de Madrid, hay que ir a ver una de las cartas de Charles Darwin que conservamos en el Museo de Antropología.



Para finalizar, un pajareo. Una salida campera  a ver pinzones que son fáciles de escuchar y ver casi en cualquier rincón durante la mayor parte del año.


Compartir la vida
Pinzón vulgar -  Fringilla coelebs

Alegre como un pinzón dicen los italianos y fueron alegres pinzones quienes hicieron a Darwin alumbrar sus ideas. El bueno de Charles contempló en las islas Galápagos aquellas 17 especies tan contentas, tan bien adaptadas que podían haber sido vistas por un representante de Dios en la Tierra, un jesuita viajero o un padre peregrino que maravillados hubieran admirado la concluida tarea del Señor y hubieran seguido su camino pero Darwin nos dio el principio de todo. Ese que nos ha hecho ver desde la perspectiva adecuada a esta avecilla que comparte hermanada, cantando dichosa, la vida.



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid







jueves, 9 de julio de 2020

La perfección marfileña - Cardo salvaje


La perfección marfileña
Cardo salvaje - Dipsacus fullonum

Su cuerpo como claro marfil cubierto de zafiros dice el Cantar de los Cantares de la piel de la Amada cuando el Esposo la contempla. Este cardo salvaje, Dipsacus fullonum es llamado también en algunas zonas baño de Venus o Afrodita agachada. Ve ahora y busca esas viejas estatuas para comprobar su forma de óvalo, su color; el mismo de esta planta cuando ya ha sido atravesada por el verano. Así que alguien, hace más de 2.000 años se detuvo maravillado ante este cardo salvaje y pensó en su amada; aquella cuya piel irradiaba, como una diosa antigua, esta exacta perfección marfileña.


La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid



martes, 7 de julio de 2020

Un paisaje transmite espiritualmente igual que un rostro - Santiago Ydáñez, pintor


"Mi infancia fue bastante agreste", cuenta el pintor Santiago Ydáñez que nació en un pueblo de apenas dos mil habitantes de Jaén en la Sierra de Segura, llamado Puente de Génave. La belleza desgarradora de la obra de Ydáñez, incluye por igual rostros, animales y paisajes: "Desde que leí Frankenstein de Mary Shelley también pinto montañas nevadas".

Sus primeros dibujos fueron pájaros migratorios, aunque sin más afán que garabatearlos. Creció en una región en la que la caza y la taxidermia formaban parte de su vida cotidiana, al igual que la iglesia y su imaginería religiosa. Coleccionaba minerales y fósiles y quizá hubiera podido ser geólogo o paleontólogo pero un profesor elogió sus dibujos y eso le hizo elegir Bellas Artes.

Sus perros ladrando, decía un crítico, se salen del cuadro y ese enorme lienzo de un mosquito inofensivo se transforma en un animal peligroso: "el formato grande atrapa el campo visual. Es cierto que una obra pequeña puede ser monumental, pero a mí me cuesta lo pequeño".

Ydáñez ha contado que en casa siempre había pájaros porque su madre criaba canarios hasta el punto de tener una habitación para ellos.

No humaniza a los animales, elogian los expertos, y están retratados con dignidad. Sus registros como artista varían desde lo brutal y estridente a lo barroco y lo lírico, lo sereno y lo sensual.

"Cada pieza tiene un fondo de verdad y pasión", ha respondido él. "De lo que se trata es de ir hacia la luz con el trabajo". 

Hace un par de años, el Museo Lázaro Galdiano encargó a Ydáñez una intervención en su colección. De entre todos los paisajes y piezas que el pintor releyó para el público, destacó la realizada en la llamada urna de un ruiseñor. Una obra en mármol de época romana, cuya tapa  pertenece al Museo del Prado, y que exhibe un poema en latín que da cuenta de una mujer apenada por la muerte de su pajarillo. Dos investigadores han analizado la autenticidad del uso, los sucesivos dueños y hasta la transcripción del poema en una extenso artículo.

Las cenizas del ruiseñor , que así se tituló la exposición, renacen en un canario casi blanco; añade figuras de animales y paisajes a cuberterías, estuches y otros objetos propiedad del Museo y sirvió una vez más para recordarnos que es posible trazar un puente natural entre la cultura, el arte y los animales. 



sábado, 4 de julio de 2020

Conocedores de la felicidad - Rosa mosqueta


Conocedores de la felicidad
Rosa mosqueta. Escaramujo- Rosa eglantaria

Sin penitencias ni pecado, ni Infierno, Purgatorio o Limbo. Directa al Cielo. Sin dudarlo. Y por el camino, inspirar belleza. Así debería ser para nosotros la vida, erguidos de orgullo desde nuestro primer brote. Airosos y alegres, viviendo entre las nubes, conocedores de la felicidad como esta rosa silvestre mientras a nuestro alrededor, los campos resplandecen.



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid

jueves, 2 de julio de 2020

En mi corazón, soy un chico de campo - Todo hecho desde la Naturaleza, George Stubbs

En 1977 se hizo una gran exposición de  en la Royal Academy of Arts de un pintor muy apreciado por el público inglés, George Stubbs (1724-1806).

Stubbs, hijo de un curtidor, comenzó haciendo grabados y confirmó su dedicación a la pintura tras un gran encargo de una serie de cuadros de caballos por parte del Duque de Richmond. Stubbs tenía entonces 35 años y ya había viajado a Italia, un hecho que cambió su vida. Este gran viaje cuyo objetivo era contemplar el arte italiano, le había reafirmado, sin embargo, en su idea de que la Naturaleza es más grande que el Arte y en lo que serían los grandes ejes de toda sus obra posterior:  "el aprecio intenso de lo rural, la huida de las ciudades, la nostalgia de una Naturaleza salvaje cada vez más domesticada y el deleite  (y no el miedo) ante lo natural".

En los comentarios que los visitantes dejaron a propósito de los cuadros de la muestra de 1977, la Royal Academy tuvo el cuidado de archivar la carta de un niño, Daniel Bennet.

Este material fue usado por el comisario de exposiciones y ensayista, Martin Myrone en un manual divulgativo sobre Stubbs, en el que reproduce literalmente el texto:
"Cuando miro fuera desde mi ventana veo aburridos coches y escucho música pop horrible desde las casas de Addington. Soy un chico de ciudad porque eso es lo que conozco. Veo casas como muros enfrente de la carretera pero cuando miro esta pintura estoy seguro de que en mi corazón soy un chico de campo. Creo que George Sutbbs era un chico de campo en su corazón y también un famoso pintor. Le gustaba pintar árboles y campos y animales y a la gente en las granjas y los campos. Hay un sentimiento de alegría y felicidad. Cuando crezca me gustaría ser un artista con el mismo sentimiento y sería feliz viviendo en el campo. Compraría un spaniel y pintaría todas las flores y todos los árboles y montañas de mi corazón!. Daniel Bennet, edad 7 y medio.
Myrone se extiende en alabar que sea un niño, de entre todos los visitantes, el que diga algo honesto, sencillo y muy personal sobre los cuadros.

En nuestros tiempos, en los que muchos niños apenas tienen acceso a la Naturaleza en su vida diaria, George Stubbs y otros grandes maestros son capaces de hacer sentir cientos de años después, otra vida en otro lugar: la del campo, los árboles y los animales. Nos impele a salir y conocerlo y disfrutarlo. El Arte procura una vía hacia el mundo exterior, a vivirlo y experimentarlo.

Quizá, desandando el camino con Stubbs, para salir al campo, primero podríamos visitar alguno de los grandes maestros que cuelgan de las paredes de nuestros museos: la flora minuciosa de Patinir en el Museo del Prado o los campos luminosos de Van Gogh en el Museo Thyssen. 


...para saber algo más.

George Stubbs, Martin Myrone. Editorial Tate
George Stubbs, de caballos y hombres - Masdearte