martes, 23 de febrero de 2021

Disfrutando del oro de los días - Lagarto ocelado

 



Eran tiempos revueltos. La India chocaba con Asia y en Sudamérica aparecían las praderas. Habían pasado diecisiete millones de años y el Mioceno en todo su esplendor. Cuando aún le quedaban seis, los mares estaban repletos de ballenas y focas;  la espesura de rinocerontes y caballos. Y al sol, disfrutando del oro de los días, ya estaba allí, el lagarto ocelado. A su lado, aún monos felices andábamos dando brincos sin hipotecas ni comida basura. Mientras, esta criatura hermosa y antigua se cuidaba, si era joven, de cruzarse con los gatos aunque de adulto, con ese aspecto imponente y su más de medio metro de largo, no eran capaces ni en el Mioceno ni ahora de maullarle. 



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid



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Flores marinas - Pablo Neruda - Púrpura, un color como la llama ardiente y el mismo sol

De caballos y diluvios - Babosa negra


Índice de todas las entradas de este blog

 

           Animales

                         Aves  

Apiadarse del desconsuelo.  Urraca

Renegar del hielo - Jilguero en cardo

Un plumaje que anuncia la penumbra - Somormujo

Cómo vivir mejor. Los dominios del Khan - Carbonero garrapinos

Cómo los alegres pinzones cambiaron el mundo. Las Galápagos, Fray Tomás de Berlanga

Sed de gracia - Cisne

Esperando junto a los campos de batalla - Buitre leonado

Pájaros en la cabeza - Las rapaces de Iñaki Díez Cortaberría. Museo de Ciencias Naturales

Bello en vuelo - Alcaudón común

En el juncal encantado - Gallineta de agua

Volcanes lejanos- Paloma torcaz

La abundancia y la suerte - Garza imperial

Una razón como un pájaro - Petirrojo

Antes del hombre, el pato

Llenarnos de un canto nuevo - Zarcero común

De blanco azúcar - Garza y garceta común

De la mitad de los sueños - Mochuelo común

Del anhelo de viento - Grullas

Una vida que procura felicidad. Ruiseñor

Un ave del Viejo Mundo - Tarabilla

De los emperadores de la China - Martín pescador

De océano y costa - Gaviota patiamarilla

Aligerar, empequeñecer - Garceta común 


                        Mariposas 

Destacar o desaparecer - Sátiro moreno    

                  Moluscos

Flores marinas - Pablo Neruda - Púrpura, un color como la llama ardiente y el mismo sol

De caballos y diluvios - Babosa negra


          Vegetales

Buenos tiempos para las malas hierbas. Real Jardín Botánico

Encima del invierno la flor de la camelia - Museo Thyssen Bornesmiza

Semillas viajeras en barcos de vela - Maria Thereza Alves - La Casa Encendida

Un agua hermosa y clara - El árbol del dragón - El Bosco, Museo del Prado

En la estación dorada vuelve a brillar el peral - Theodor Fontaine y La Hiruela


                         Flores 

            Arte-Exposiciones 

Los soñadores

En mi corazón soy un chico de campo. George Stubbs

Un rostro es como un paisaje. Santiago Ydáñez

El agua nos hace felices

Un amor en el que crecen las flores - Petrit Halilaj Museo Reina Sofía

El agua, el pez, el árbol, las nubes - Lee Friedlander - Fundación Mapfre

La belleza de los atlas celestes - Astronomicum Caesareum, Petrus Apianus - BNE

De los vegetales al hombre - Nudos de Paula Anta en el Real Jardín Botánico

El mar y los viejos maestros: Van Gogh, Turner, Monet, Ting-Qua -Reuben Dangoor


          Lugares 

El mundo apacible al pie de Guadarrama - Eduardo Rodera

Cazar la sombra del sol al vuelo. Los templarios y San Bartolomé de Ucero, Soria

Poblado de montes y frutales, de aguas claras y sutiles - Don Blas y Miraflores de la Sierra - Federico Olóriz y Santiago Ramón y Cajal - Madrid

Olvidarse del mundo y ser sólo distinción - Jardines de Vista Alegre, Carabanchel - Madrid



domingo, 21 de febrero de 2021

Encima del invierno, la flor de la camelia - Eben Gowrie en Australia y el Museo Thyssen Bornemisza en Madrid


El mundo entero estaba allí dentro, explican los historiadores, tenían la pintura más agradable, la porcelana más delicada, los versos más bellos y la flor más hermosa bajo los cielos. Así que, los dueños de aquel imperio, lo amurallaron para solazarse en él y dejaron de interesarse por otros lugares.

Camelias blancas, rosadas y llameadas flanquean estos días las puertas del Museo Thyssen Bornemisza. Una flor de oscuridad, "nacida en el frío y para el frío"en la muerte del invierno aparece la luz de la camelia que se apaga en primavera, cuando las otras florecen.

Dieciséis emperadores de la familia Zhu gobernaron China durante casi tres siglos, una época dorada. Bajo los Ming, los grandes señores trazaban sus jardines siguiendo tratados como la Superación de las obras celestiales. "El rey llega al gran estanque, los peces saltan sin parar". Los muros cargados de flores eran muros de mujer, las plantas que rodeaban el pabellón de escuchar la lluvia eran diferentes y así, cada hoja procuraba una diferente tonalidad musical. 

Quizá la flor de la camelia llegó a Galicia en los navíos portugueses procedentes de Macao y encontró en esas tierras, un lugar para la devoción. Desde hace más de 50 años, se celebra un encuentro internacional para elegir la camelia más blanca y la más bella de todos sus jardines atlánticos. Aquellos suelos ácidos, la humedad y la umbría que otras flores rechazan, son los más amados por la camelia.

Cura las quemaduras de fuego, explicaba el gran médico imperial Li Shi-zhen y el té, elaborado con sus hojas, nos devuelve al mundo en serenidad. Al marchitar, no se deshoja como otras flores, cae por entero y el sonido es evocado en delicados versos japoneses. La camelia se entrega plena a nuestro consuelo. 

En Occidente, sin embargo, en el siglo XIX, el favor de la camelia se apagó frente a las orquídeas. Eben Gowrie Waterhose, lingüista reconocido en la primera etapa de su vida, después diseñador de profunda huella en los jardines de toda Australia, aprendió japonés a los 80 años para poder hablar de camelias con los japoneses, abriendo así la tercera de sus carreras profesionales como autoridad en esta flor. Sus estudios desataron un renovado interés mundial por ellas. 

Waterhouse nombró cientos de variedades de camelia, llenó sus jardines de árboles del coral y escribió extensamente sobre la manera de darles tonalidad atrayendo mariposas de los colores adecuados. 

Nunca estuvo solo en su pasión, explica Miguel Ceballos, su compañera fue experta en componer ikebanas con camelias. Waterhouse logró desarrollar una variedad blanquísima a la que nombró Janet, en honor a ella. Pero no fue suficiente, desarrolló otra de color rosa pálido, y le puso el suyo para que ambas figuraran juntas. 


¿De dónde viene este viento perfumado por la flor fugaz de la camelia?

 Por él salgo a desafiar el frío de la media mañana. 

Demasiado pobre para comprarlas, pinto una en el papel.

La flor de la camelia verdadera se marchitará en un jarrón, 

quedando acaso su perfume en la memoria 

de quien pudo comprarla; 

pero ésta mía no teme ni el viento frío ni la lluvia leve 

y por mucho que el tiempo pase, persistirá. 

Ma Hsiang Lan 



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miércoles, 17 de febrero de 2021

Del anhelo de viento - Grulla

 


Grulla - Grus grus


Antes de la madera fue el hueso. Los hombres usaban las tibias de las grullas, el cúbito de los gansos pero también huesos de cigüeñas o venados para construir sus flautas, el instrumento musical más antiguo que conocemos. Quizá en tiempos remotos el hombre quiso volver a escuchar el viento en los días de calma. El aire agitando las espigas maduras, acariciando los troncos de los árboles frutales; un sonido de vida tan dichoso que soplaron en cañas, agujerearon huesos y  tornearon maderas para poder deleitarse con la música de los cañaverales. Al igual que estas grullas sobrevolando los cielos invernales, nosotros también anhelamos la libertad de los vientos, criaturas que suplen con imaginación la falta del coraje que poseen las aves al lanzarse en vuelo. 



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid

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domingo, 14 de febrero de 2021

Flores marinas - Pablo Neruda y su colección de caracolas - Un color como la llama ardiente y el mismo sol

 



Yo no las he recogido", afirmaba el poeta, "las echaba el mar, salían de las olas". En 1954, Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura en 1971, donó miles de caracolas a la Universidad de Chile. Eran su pasión y no dudaba en llevar la ropa en la mano al tomar un avión y en cambio, la maleta llena de conchas marinas. 

Cuando los turcos conquistaron Constantinopla, explica Ana González Mozo, del Gabinete de Documentación del Museo del Prado, se bloqueó la compra de alúmina, el mordiente usado para preparar la púrpura imperial, "un color resplandeciente como las plumas de las palomas, la llama ardiente, las gemas y el propio sol". Pablo II tuvo que decretar que las ropas de los obispos se tiñeran con escarlata de quermes que procedía de insectos, mientras se realizaba una búsqueda desesperada de una nueva mina que localizada por fin, en Italia, fue de inmediato monopolizada por los Medici.

El color púrpura, más caro que el oro, procedía de un pequeño molusco, Murex: abierta su concha, destilaba una o dos gotas de una sustancia que al contacto con el aire se volvía rojiza. Su estabilidad y variedad de tonos, fascinó por igual a fenicios y griegos, romanos, hombres de poder, reyes, padres de la Iglesia, pintores: "era el color más bello que podían tener las estatuas y la Tierra era púrpura si se la contemplaba desde lo alto". 

 De todos los versos que el poeta chileno dedicó a sus caracolas, entre los más delicados son los escritos para la belleza de un murex que trajo de California al que denominó rosa congelada, cuyo interior le recordaba un ardiente paladar rosado. 

Se teñían de púrpura, el márfil y los manuscritos, los regalos para los embajadores, columnas de basílicas, esculturas, paños y todo cuanto estuviera asociado al poder. La sed de apariencia era tal que incluso los monjes de la isla irlandesa de Inishkea se dedicaron hasta el siglo X a recoger los moluscos para elaborar la tintura. 

"En México me fui por las playas, me sumergí en las aguas transparentes y recogí maravillosas conchas marinas, luego en Cuba y en otros sitios, mi tesoro se fue acrecentando hasta llenar habitaciones y habitaciones en mi casa". Por leyes mágicas, decía Neruda, se producen estas formas caprichosas, las tonalidades más asombrosas.

En la Edad Media, el agotamiento de los caladeros de murices, aventura la historiadora Laura Rodríguez, había obligado a que el púrpura fuese un color obtenido de vegetales o rocas y no de la sangre de los pequeños moluscos llamados cañadilla en el sur de España: "porque lo significativo no era el origen sino la suntuosidad avalada por el alto coste". 

Pablo Neruda guardaba algunos de sus mejores ejemplares entre algodón y cuando su amigo el también poeta Nicolás Guillén  le visitó en su casa, los desenvolvió para mostrárselos, para su desconcierto a Guillén no le impresionaron, no mostró admiración ni interés por aquellas espumas de todos los mares


martes, 9 de febrero de 2021

De blanco azúcar - Garza y Garceta común

 


Garza grande y Garceta común - Ardea alba y Egretta garzetta

Ambas de la misma especie. Garza y garceta, juntas, como si fueran de porcelana, de blanco azúcar. Color de luto para los chinos. Un animal como éste asociado a la negra suerte. Garza y garceta capturan en zonas someras pececillos, gusanos, lombrices. Van y vienen removiendo el barro con zancada atenta. Con este comportamiento mostraban en los tiempos antiguos los lugares seguros por los que, los soldados podían atravesar las aguas para atacar un pueblo. Griegos contra persas, griegos contra espartanos, romanos contra todos. Piratas al asalto en cualquier tierra. Estas aves silenciosas que conviven sin destruirse eran signo de mal augurio para aquellos hombres que en lugar de aprender de su silencio, nunca ahítos de sangre, las maldijeron.


La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid

                                                                    
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sábado, 6 de febrero de 2021

El esplendoroso caos de las rosas - Santiago Ramón y Cajal y sus precisos y elegantes dibujos - Museo de Ciencias Naturales (Madrid)

 

"A ella era la que quería, siempre y primero". Miguel Ángel Asturias.

El chico se había propuesto hacer un diccionario de colores y reunía con tenacidad toda la gama que rocas, árboles, el atardecer o el río le proporcionaban. Tenía 12 años y su padre les tenía sometidos a él y a su hermano a una disciplina feroz encaminada a que ambos estudiaran medicina. Dibujar o leer eran actividades prohibidas, les apartaban de aplicarse en las materias escolares. 

Las flores más apreciadas en todo el mundo son las rosas, la más dibujada por los pintores del Museo del Prado y las reinas de toda la poesía española  desde Garcilaso de la Vega hasta Quevedo. Las rosas atraviesan siempre frescas "la alegre espiritualidad del Renacimiento y el ánimo sombrío del Barroco", afirma el filólogo Javier de la Peña Álvarez. En algún momento, la estimación de los poetas es tan grande que desde el siglo XVII les dedican en exclusiva poemas enteros. 

El color que Santiago Ramón y Cajal quería dibujar, allá por 1864, era el de "una hermosa rosa llamada en Huesca de Alejandría, flor tan notable por su color como por su fragancia", cuenta en su autobiografía y decidido a captar sus tonalidades, fue a cortarla de un jardín con otros compañeros. Saltaron la tapia, se hizo con ellas y salieron corriendo perseguidos por los dueños de la casa. 

El género Rosa, explican los botánicos, pertenece a la familia Rosae y está estrechamente relacionado con las manzanas, las peras, el membrillo y la ciruela, la cereza, las moras y las fresas. La dulzura gusta de la dulzura, según parece, en este lugar del reino vegetal.

En 1951, la editorial Seix Barral pidió al ecólogo Ramón Margalef un texto a modo de felicitación navideña, Historia de la Rosa: "en casi todas las lenguas cultas existe el nombre de la rosa. Hasta cierto punto, las rosas son obra humana y esta es quizá una de las razones de su afinidad con nosotros", detallaba.

La infancia que Santiago Ramón y Cajal dedicó a los lápices y los colores a pesar de los castigos paternos, floreció en su talento para dibujar Anatomía en las clases universitarias y sus "observaciones microscópicas", detalla la cartela de la exposición que en el Museo de Ciencias Naturales tiene lugar estos días; según el histólogo Washington Baño "sus dibujos son de una precisión, elegancia y veracidad no superadas".

Margalef escribe con humor acerca de algún herborizador que enloquecía intentando poner orden en la variedad y riqueza de las rosas, un vegetal desconcertante que parece empeñado en enseñarle al hombre "lo artificioso de sus archivos de plantas secas, de sus patrones". El esplendoroso caos de esta planta prolifera desde Alaska a Siberia y los hombres se esmeran en la eufonía y buen gusto al nombrarlas: Rosa myriacantha, Rosa sempervivens, Rosa arvensis. China y su Rosa índica, Oriente y su Rosa Damascena.

Los hermosos dibujos de Santiago Ramón y Cajal viajaron en una exposición durante tres años por diferentes museos de Estados Unidos y Canadá: "el padre de la neurociencia moderna dibujó el cerebro de una manera que proporcionó una claridad superior a la lograda por las fotografías, combinando habilidades científicas y artísticas para producir dibujos extraordinarios".

Las rosas silvestres se dispersaron por las tierras templadas y también las frías del hemisferio boreal desde tiempos primitivos y quién sabe por qué azar, el hombre se encariñó con ellas. "Las cultiva, las moldea a su manera y la flor, por su parte, va influyendo en él: una vez erigida en ideal de belleza, los cánones estéticos parecen ordenarse nuevamente en derredor suyo", continúa Margalef.

La flor que le costó tanto disgusto a Santiago Ramón y Cajal era antigua. En 1867, Jean-Baptiste André Guillot rosalista, hijo del también rosalista Jean-Baptiste Guillot, crea La France, una rosa que dedica a su país, la primera rosa moderna de jardín. Más de 10.000 rosas diferentes crecen desde entonces a partir de este logro, los híbridos de té. 

  "...y así, entrelazados sus destino, el hombre y la rosa, la más humana de las flores, seguirán juntos mientras ambos permanezcan sobre la Tierra", concluye el ecólogo.


Museo de Ciencias Naturales (Madrid)

Exposición - Santiago Ramón y Cajal  - Prorrogada  



martes, 2 de febrero de 2021

De la mitad de los sueños - Mochuelo común

                         

Mochuelo común -  Athene noctua


Las aves también duermen al igual que nosotros y también como nosotros, el sueño es en parte ligero y en parte, profundo. Pero aquí surge la maravilla, son capaces de dormir con medio cerebro y un ojo cerrados mientras la otra mitad y el otro ojo están alerta. Cuántas veces hemos deseado que nuestras pesadillas fueran, al menos, la mitad de lo que fueron. Cuántas veces habremos implorado a un dios piadoso que librara a los hombres de, al menos, una parte de sus tormentos. Búhos, lechuzas y mochuelos, criaturas que sólo se entregan a medias a las sombras, sabios espíritus de la noche.


La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid