jueves, 23 de junio de 2022

La vida en silencio - Rafael Navarro, Cuerpo y naturaleza. Universos soñados - PhotoEspaña 2022 - Centro de Arte, Alcobendas (Madrid)




"Temerosos del infierno
que podemos crear 
tan fácil y descuidadamente".
J.Peterson

"Lo que me interesa", afirma el fotógrafo Rafael Navarro, "es volcar sentimientos o sensaciones, no documentar". 

En el Centro de Arte de Alcobendas, en el marco de PHotoESPAÑA 2022 tiene lugar estos días la exposición Cuerpo y Naturaleza. Universos soñados  "una revisión de la obra del creador zaragozano a partir de la presentación y ordenamiento de sus proyectos Involución, Dípticos, Patzcuaro, Tientos, Polifonías y Testigos". En ella se ha intentado mostrar lo más característico de sus cincuenta años de trabajo fotográfico. 

Testigos, "un homenaje a la parte vegetal de la naturaleza que de algún modo es testigo de nuestra existencia, de ahí el nombre que el artista ha elegido para la misma", ocupa la última sala y se compone de grandes fotografías en blanco y negro en formato horizontal.

Fotógrafos y artistas plásticos se ocupan cada vez más del mundo natural que se ha convertido por así decir, en un tema recurrente: cómo es nuestra relación con los animales y los vegetales, si es motivo de celebración o de recelo, de asombro o de temor atávico al poder de otros seres vivos que se desarrollan al margen de nosotros.  

Las imágenes que captura Navarro, hojas, brotes, pedazos de plantas que ampliadas tienen una escala abrumadora y en blanco y negro, una dureza metálica no sugieren una naturaleza risueña, no se preguntan sin interferir como Paula Anta, ni son objeto de admiración como en Lee Friedlander; hablan de una confrontación, del temor atávico ante un mundo poderoso y oscuro. De los sentimientos que hoy creemos han de reconsiderarse frente a lo natural y de la necesidad de modificar estas emociones.


Hasta el 25 de septiembre, acceso gratuito
PhotoEspaña2022



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lunes, 20 de junio de 2022

Capaces de romper el viento - Naranjo de Luisiana, Parque de Andalucía. Alcobendas (Madrid)


Los árboles tienen sus patrias:
los sauces se crían en las corrientes,
los álamos en las charcas,
los olmos en los montes rocosos.
    Miguel Ángel Asturias.

Mamuts y perezosos grandes como elefantes comían, en el continente americano, el fruto de este árbol del que apenas hay una decena de ejemplares en toda España. Tres de ellos plantados en jardines públicos de Alcobendas (Madrid), uno en el Parque de Andalucía

Cada otoño, tras la florecida de junio, este arbolito continúa dejando caer todos sus frutos confiado en que lanudos mamut y armadillos colosales vendrán a comerlos con deleite y los llevarán en su estómago hasta que después, en algún otro lugar, dejarán sus semillas para que broten otros como él.

Pero lo que ocurrió fue que once mil años atrás, llegaron hombres armados con lanzas de punta de clovis que cazaron hasta hacer desaparecer de toda América a aquellas criaturas y ningún otro ave o mamífero quiso desde entonces comer su fruto seco y duro, "parece que los piquirrojos piquotean sus semillas". 

Y en lugar de bestias fabulosas, fueron los hombres quienes asumieron la tarea de multiplicarlos al encapricharse de esta rareza, de este fantasma, de un árbol que sobrevive en un tiempo que ya no es de él. 

Primero fueron los indios osage, "gente de las aguas medias, la raza de hombres más alta de América que usaban su madera dorada y flexible, inmune a la podredumbre y a las termitas, para fabricar arcos, cada uno de los cuales valía un caballo y una manta. Por eso este arbolito, que parece insignificante en este parque, es llamado también, Naranjo de osage.
 
Después, fueron los colonos de América para cercar sus vacas tejiendo setos que toleraban la sequía extrema y eran capaces de romper el viento en las grandes praderas y quizá si sus caballos no tenían otro alimento, malcomían esta manzana áspera y por eso también se le conoce como Manzano de caballo.  

Ahora, lo plantan los jardineros porque resiste el calor, la contaminación del aire urbano y la sal de las carreteras.

Sin embargo este árbol, capaz de soportar la enfermedad del aire muere a temperatura invernal. Privado del calor, sin la luz del sol y a menos de un grado centígrado, este Maclura pomifera sucumbe a terribles nostalgias, al recuerdo de tantas guerras amargas, a su cósmica soledad.





Ordenadas por su nombre común
Maribel Orgaz 
Ed. Cuadernos del Laberinto 




viernes, 17 de junio de 2022

LLamando con alegría a la vida que pasa. Una malva real en el barrio de Canillas (Madrid)

 


Las cosas están echadas,
mas de pronto se levantan
y en procesión alumbrada 
se entran cantando en mi alma. 
J.R. Jiménez

En la calle Ulises continúa un poco más el barrio en el que se tiene a derecho a un trozo de tierra, a plantar tus propios árboles. Una risueña higuera, un ciruelo que florece entusiasmado anunciando la primavera y una gran palmera adornan la calle en los jardincillos de los chalets de adosados.

Un poco más arriba comienza el barrio de Canillas y los grandes bloques de pisos están rodeados aún por pequeñas zonas verdes comunes. Los árboles tienen buen porte y algunos setos están más cuidados que otros. 

La sorpresa es que en la calle Andorra y flanqueada por un alegre castaño que en el mes de junio refresca el ánimo con sus hojas verde claro, florece una gran malva real (Alcea rosea). Entre una maraña de vegetación, al pie de una terraza con la pared llena de pintadas, crece esta flor en un señorial tono púrpura que llama la atención a cualquier paseante.

Desde finales de mayo esta elegante procedente de China se llena de flores "solitarias y largamente pedunculadas", en palabras de los botánicos, que ahora en junio, rebrota también en un delicado rosa pálido. 

Quizá esta planta es las única superviviente de todo un arriate que en otro tiempo cultivaba un jardinero o las trajo la suerte volandera en el cuerpo de un pájaro o llegaron aquí en una afortunada racha de viento.

                Nadie la molesta, se la deja que llame con su alegría a la vida que pasa. 



Ordenadas por su nombre común
Maribel Orgaz - Editorial Cuadernos del Laberinto 


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Semillas viajeras en barcos de vela - Maria Thereza Alves -La Casa Encendida 

jueves, 2 de junio de 2022

Flores. El esplendor de la Tierra - Maribel Orgaz en la Feria del Libro de Madrid 2022

 

Los antiguos creían que a cada estrella le correspondía una flor y no dudaban en cruzar todos los mares navegables para buscar flores nuevas en tierras desconocidas. Amamos las flores al igual que amamos las estrellas y en nuestro sencillos paseos campestres o urbanos podemos disfrutar de la belleza de girasoles, amapolas, rosas silvestres, malvas, lirios o margaritas.

Las flores encierran una lección: nos enseñan que hemos de florecer - a pesar de que el esplendor será breve-, nos invitan a hacer cosas maravillosas, nos consuelan y dan alegría a nuestro corazón.


Los días 10 y 12 de junio estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid, en el Parque de El Retiro, en la caseta 306 de la editorial Cuadernos del Laberinto.