viernes, 15 de mayo de 2026

El dios de la tormenta y las desgracias soñadas - Soy Asurbanipal. Exposición CaixaForum. Madrid

 


Que ante ti el sendero sea llano,
que el camino se abra para que puedas pasar
y que la montaña se abra, también, a tu paso.
Poema de Gilgamesh 

Maribel Orgaz - @curionatural
Los dioses, afirma una cartela, enviaban señales a través de los sueños y debido a que podían traer malas noticias, las tablillas detallan rituales para alejar las desgracias soñadas.

Por su parte, los médicos realizaban rituales y conjuros para proteger a sus pacientes de los demonios, los espíritus y las fuerzas malignas.

Arsubanipal, rey asirio, que se enorgullecía de saber leer y escribir, de conversar con eruditos y resolver problemas matemáticos complejos, protagoniza una gran exposición en CaixaForum Madrid (hasta el 4 de octubre).

Las estelas narran guerras despiadadas, cacerías de leones, jardines en los que cuelgan las cabezas cortadas de los enemigos mientras el monarca se deleita con su esposa y son atendidos por músicos y sirvientes.

Las tablillas detallan hechizos y rituales y señales fatídicas en el cielo y en las casas, en los campos y en los comportamientos de los animales.

Arsubanipal "consultaba los augurios antes de tomar una decisión importante" pero si no eran favorables se recurría a ritos especiales para contrarrestarlos. 

En 2025 se descifró una tablilla sumeria del 2.400 a. de C. que narraba un mito, el dios de la tormenta Iskur había sido atrapado en el inframundo y los ríos dejaron de fluir, los animales no encontraban alimento y los niños morían al poco de nacer. 

Un zorro es el encargado de rescatarle, un humilde animal viajó, según los sumerios, al averno para traer de vuelta al gran señor de los rayos y el viento. 


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Tierras olorosas - Búcaros. Valor del agua y exaltación de los sentidos en los siglos XVII y XVIII - Museo de América. Madrid, España


miércoles, 6 de mayo de 2026

Jardineros generosos - Calas - Avenida de Machupichu. Canillas, Madrid - Zantedeschia aethiopica

 


La luz del corazón
llevo por guía.
Luis Rosales

Maribel Orgaz - @curionatural
Una vez al mes, acudo a un encuentro de lectores en uno de los barrios más poblados de Madrid, Canillas, de unos cincuenta mil habitantes. Canillas era antes de ser devorado por la ciudad, un pueblo y cuando en 1950 fue absorbido se edificó aprovechando cada metro cuadrado. 

Para mí, acostumbrada a tender la vista, apenas salgo de mi casa, a través de las dehesas hasta la sierra de Guadarrama, caminar por sus calles abrumadas se convierte en una búsqueda, en cada rincón, de cualquier brizna de belleza. 

Al salir del Metro, elijo la distancia más larga por la calle más sinuosa, la Avenida de Machupichu admirando cómo los canillenses en sus diminutos arriates y el ayuntamiento en las zonas comunes han hecho crecer en cada desnivel, en cada recodo, plantas y flores. 

Lectores de diferentes procedencias nos reuniremos esa tarde de abril para hablar de hombres y mujeres que escribieron obras de literatura excepcionales, esas que brillan por siempre en el corazón de quien las lee. 

Mientras camino sonrío ante las rosas y los geranios y distingo algunas petunias y azulados pensamientos cuando uno de los portales me sorprende porque han adornado su entrada, que es un poco más grande, con un parterre de lirios de agua, calas Zantedeschia aethiopica de dulce perfume que refulgen tan blancas sobre el verde oscuro de hiedras y rastreras.

En 1925, Mijaíl Bulgákov, el escritor de este mes, escribió Corazón de perro, en el que un sufrido animal callejero deambulaba en la nieve del invierno moscovita buscando algo de comida mientras se repetía: "mi alma aún no se ha rendido. Mi alma no se doblega fácilmente".  

En esta avenida y en todo el barrio, los edificios más viejos se mezclan con los nuevos, unos ocultan el sol a los otros, enormes bloques que se edificaron inmisericordes sin tener en cuenta ni clima, ni orografía.

Damnificados de la avaricia, estos vecinos como jardineros generosos embellecen cada pequeño hueco en el asfalto, cada trocito de tierra baldía, con esta pasajera luz que no sucumbe a esas inmensas torres de desdicha. 


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Poblado de montes y frutales, de aguas claras y sutiles - Don Blas y Miraflores de la Sierra - Federico Olóriz y Santiago Ramón y Cajal - Madrid









jueves, 23 de abril de 2026

Un corazón que aún palpita - El olmo de Nuevo Baztán. Madrid

 


Árbol, que con tu sombra
velaste  los amores.
José Mª Heredia


Maribel Orgaz - @curionatural
Este árbol de la fotografía es un olmo ulmus y es singular en la Comunidad de Madrid porque tiene más de doscientos años y casi veinte metros de altura. La olma, como la conocen los lugareños, es un ejemplar emblemático porque sólo ella ha sobrevivido a la plaga de grafiosis que asoló esta zona y por si no fuera suficiente "goza de excelente salud", dicen los expertos.

Se encuentra en Nuevo Baztán y se plantó en hilera con otros muchos igual que él para adornar el camino principal  y convertirlo en un majestuoso paseo entre grandes copas que desembocaran en un palacio y en un templo. Que el horizonte enramado se abriera a la prosperidad que un hombre quiso para este lugar, que las sombras de sus hojas se despejaran ante la clara piedra berroqueña de la iglesia de San Francisco Javier. 

Juan de Goyeneche, ilustrado, que abrió fábricas de paños e incluso de agua de Hungría en estas tierras y que miraría complacido a este gigante. Una excepción y al igual que él, una rareza.


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El agua, el pez, el árbol, las nubes - Lee Friedlander - Fundación Mapfre


 






viernes, 10 de abril de 2026

La fantasía de los viajeros y la historia de los animales - Ángel Cabrera en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid

 


Salir 
aligerar los ríos y los soles, 
salir, salir al aire libre, al aire.
Blas de Otero

Maribel Orgaz - @curionatural
"Todavía es incalculable", reflexiona en el prólogo Mamíferos marinos (Espasa Calpe, 1969) el naturalista Ángel Cabrera, "el número de gentes que nunca han visto el mar (...) ni a los seres marinos, de tal forma que lo que de ellos sabe el vulgo es, todo lo más, lo que cuentan las novelas de aventuras, casi invariablemente escritas por autores que en este asunto no están mucho mejor documentados que cualquiera de sus lectores".

Así que, escribió este libro para "ilustrar a la juventud sobre este asunto (...) precaviéndola contra las leyendas con que la fantasía de los viajeros adornó la historia de estos animales".

La vida y la inmensa labor de Ángel Cabrera, el mejor mastozoólogo del siglo XX por sus habilidades como investigador, ilustrador y divulgador, se exhibe estos días en una gran exposición en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, El naturalista infinito.

Para los aficionados a la historia natural, como es mi caso, la muestra es asombrosa por el cariño con el que se han redactado las cartelas, la admiración por la figura de Ángel Cabrera y el minucioso detalle de su gran producción. Una labor de toda una vida, infatigable, gigantesca.

"Describió más de 200 taxones (géneros, especies y subespecies) y fue pionero en revindicar la conservación de la biodiversidad y el medio ambiente. Publicó 27 libros y más de 220 artículos científicos, enfocándose tanto en mamíferos actuales como fósiles, con especial énfasis en la fauna de España, Marruecos y Argentina".

El reconocimiento incluye, además de su rigor científico, su capacidad como ilustrador "lo que dotó a sus publicaciones de gran calidad gráfica".

Era hijo de un obispo protestante, estudió Filosofía y Letras que, en realidad, no debía interesarle porque a los 17 años ya era miembro Real Sociedad Española de Historia Natural y poco después, publicó su primer trabajo sobre un chimpancé.

Sus libros divulgativos, como éste, Mamíferos marinos, son una lectura amena y repleta de curiosidades, referencias a su época y a leyendas y mitologías. 

"La mayoría de mis lectores", afirma, "como pertenecientes a una época en que la luz eléctrica alumbra hasta plaza de la última aldea, difícilmente pueden imaginar lo que representaba una bujía en los tiempos en que nuestros padres eran jóvenes (...) entonces aun los teatros y los salones de los palacios reales tenían que ser iluminados con velas (...) las mejores velas se hacían de esperma, un lujo que solamente los ricos podían permitirse".

A continuación, explica de dónde procede esta iluminación lujosa, de los cachalotes, y da comienzo una cautivadora descripción de este criatura marina:

"muchos miles de años antes de que hubiera hombres en la tierra..."


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Lo que sobrevive a la vida - Bezoares



sábado, 4 de abril de 2026

De origen profundo y seguro - Bueyes y peces de colores - El Pilancón, Guadalix de la Sierra

 


Agua de sombra,
agua de pozo,
agua de sueño.
Octavio Paz 

Maribel Orgaz - @curionatural
El pueblo, explica la cartela, tenía varios manantiales de agua potable y diferente grado de pureza pero éste, el Pilancón, era extraordinario. Tan abundante que bastaba para regar gran parte de la vega alrededor. Tan profundo que una leyenda afirma que en una ocasión cayó dentro de él un carro con dos bueyes y desaparecieron. "Pero no somos pocos", continúa, "los que aún recuerdan los pececillos de colores que nadaban por sus aguas y que como niños nos sentábamos a ver en su grueso muro de piedra".

Junto a este manantial que se ofrece seguro durante todo el año, reposa el embalse de Pedrezuela y en lo alto, vigilante, la ermita de la Virgen de El Espinar. 

El camino que lleva hasta aquí parte del pueblo, Guadalix de la Sierra y se ha transformado en abril. Las margaritas crecen a refugio de los enebros y los endrinos ahora florecidos parecen nevados, las mariposas de la col revuelan entrelazadas a mi paso, las carpas saltan robustas entre los elegantes somormujos y los escandalosos ánades reales. Anas platyrhynchos

Al fondo, entre los arbustos, antes de llegar a las grandes encinas, canta un ruiseñor. Es 4 de abril y es el primero que escucho este año. 


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Desde el hielo y la nieve de los confines del mundo

martes, 24 de marzo de 2026

Mirar un tiempo - Alicia Castilla. Paisajes de Silencio, Mad is Mad Gallery. Madrid

 


Y al final, siempre la luz. 


El sábado me acerqué a ver la exposición de Alicia Castilla, Paisajes de Silencio en Mad is Mad Gallery, un lugar agradibilísimo en el que siempre hay amigos y clientes llegados de cualquier lugar del mundo, conversaciones interesantes.

Mad is Mad es la galería de Rafael Ruiz, compañero de APIA y acudí por las imágenes que se habían difundido de su nueva exposición. Al irme, otro visitante también le comentaba a Rafael que le habían fascinado esos paisajes y quería ver directamente los cuadros.

Alicia Castilla, su autora, es arquitecta y alumna de un profesor que como ella, cree en la abstracción como final de camino y en la atmósfera velazqueña antes que en la nitidez de las formas.

Sus paisajes de silencio son, más bien, espacios inmensos de tiempo reconocibles para quienes como yo, recorremos cada año algunos de los pueblos y tierras interiores de Castilla.

"Nieblas, introspección", escribe el cineasta Antonio Morales a propósito de esta exposición, imágenes que se disolverán entre otras imágenes.

Nuestras ciudades quedarán en pie mientras en los páramos y campos castellanos, los santos esculpidos en los templos aún batallan con dragones fabulosos y las almas dormidas esperan a ser elevadas. Los zarzales se apoderan de los huertos y los antiguos lavaderos manan sin que alguien les interrumpa. 

Lugares de infelices batallas, altares sin fieles y abandonados, caminos que llevan a lo que alguna vez fueron cultivos. La tierra vivida como un compromiso y un destino. Todo esto se perderá o como afirma la obra de Alicia Castilla, ya se ha perdido.




  

Calle Pelayo, 48. Madrid
Alicia Castilla
Paisajes de Silencio. Hasta 28 marzo. Acceso libre.



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Desde el hielo y la nieve de los confines del mundo


sábado, 7 de marzo de 2026

Un interminable sosiego - pseudonarciso, lirio de cuaresma -Avenida del Mediterráneo. Colmenar Viejo (Madrid)

 


El primer verde de la naturaleza es oro
Robert Frost

Maribel Orgaz - @curionatural
Esta mañana, cuando iba a recoger mi periódico, me han salido al paso esta mata de narcisos blancos o lirios de cuaresma. Los expertos se apresuran a aclarar que no es propiamente un narciso ya que pertenece a la familia de las amarilidáceas, es un pseudonarciso. En resumen, si te acercas a la floristería y muestras esta foto sin saber siquiera su nombre podrás comprar los bulbos para tu cultivar o un buen ramo como flor cortada para tu salón. 

Muy cerca, también en la Avenida del Mediterráneo, los lirios que rodean a los árboles aún esperan más sol para florecer. Marzo acaba de comenzar pero cuando llegue abril será una alegría andar junto a ellos para hacer mis recados. 

Mientras, y en este día anubarrado, la luz de estas criaturas resplandecía en un mundo del que parecen haberse retirado los dioses. En un mundo abrumado por la confusión, en el que sólo ellas brindan un interminable sosiego.


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La Naturaleza tiene sus propios milagros. Pasiflora azul - Passiflora caerulea - Avenida del Mediterráneo, Colmenar Viejo (Madrid)