En la Sala de Exposiciones del Centro Cardenal Gonzaga, La Cabrera (Madrid) expone, hasta el 6 de marzo, Leticia Reyero, una exploración de la luz "desde diferentes perspectivas: física, filosófica y estética".
Vitae: vida y luz en la materia reúne piezas de alabastro, mármol, dibujos que envuelven al visitante en una atmósfera nacarada mientras se escucha el canto de los pájaros y el fluir del agua.
De todo lo expuesto, es el alabastro el que se apodera del espacio. Una piedra, afirmaba la erudita Hildegarda de Bingen, que al no ser ni templada ni fría no tenía propiedades medicinales. Una piedra que al igual que algunos mármoles, puede clasificarse por su olor ya que conserva el de la cantera de donde procede, Josep Gisbert, Universidad de Zaragoza.
Las plañideras, afirmaba Luis Antonio Díaz Rodríguez del Instituto Geominero, encerraban sus lágrimas en frascos de alabastro que en el Antiguo Egipto depositaban en las tumbas de los fallecidos, Jesús fue ungido con ungüentos atesorados en recipientes de alabastro, las piernas del amado son en el Cantar de los Cantes de alabastro. En las ruinas de Nínive se encontraron puertas de alabastro.
Translúcida como un vidrio pero con aspecto de mineral es dulce a las sierra dentadas, encierra luz que no viene de ninguna parte y que reverbera mielosa, dorada o blanca.
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