La estética de la naturaleza, explica la filósofa y docente en la Universidad de Barcelona, Marta Tafalla en su libro Ecoanimal (Editorial Plaza y Valdés), no se desarrolló desde la Ilustración.
El establishment universitario había impuesto, una vez más, un camino al pensamiento.
"La excepción", continúa la profesora Tafalla, fueron Nietzsche y Schopenhauer "pero trabajaban fuera de la universidad y no fueron reconocidos".
Sin un discurso filosófico sobre las experiencias estéticas, "que las analizara y las diera entidad teórica", pajareros, senderistas, naturalistas, buceadores, jardineros escribieron y reflexionaron sobre sus vivencias, elaboraron sus propios discursos.
El silencio de la filosofía académica, en palabras de la pensadora, que es también otra cara del dominio, tuvo como consecuencia que era fácil "dañar aquello que no se conoce, no se valora ni se disfruta".
Aunque marginal, el camino abierto por Nietzsche y Schopenhauer, fue retomado con por Theodor W. Adorno para continuar la construcción de una estética de la naturaleza, de la belleza natural.
En España, Marta Tafalla es una voz pionera en esta reivindicación de una estética de la naturaleza que ella define como
"la contemplación desinteresada, que no satisface nuestras necesidades biológicas, que es un fin en sí mismo".
Una contemplación serena que acalla nuestras prisas y preocupaciones e implica, detalla en Ecoanimal, dirigirnos a bosques y ríos y a los animales que los habitan, para contemplarlos sin interferir ni instrumentalizar.
En ese encuentro superamos la soledad y la "racionalidad (....) y no acallamos su voz con nuestra voz".
A esta apreciación estética de la vida que nos rodea, el filósofo Allen Carlson, recoge Marta Tafalla, añade que debería basarse en el conocimiento que proporcionan las ciencias naturales.
Al apreciar una obra de arte, apreciamos lo que somos y reforzamos los lazos entre nosotros, "celebramos nuestra humanidad" pero si apreciamos la naturaleza "somos uno más".
La apreciación estética de la naturaleza, concluye Marta Tafalla, "se basa en admirar aquello que no somos ni podemos crear y la profundidad de esta experiencia está relacionada con la capacidad de asumir la propia finitud, silenciar el yo y abrirse a apreciar lo diferente".
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