sábado, 26 de noviembre de 2022

Como espectro de ave - Águila ratonera - Buteo buteo

 

  "Hoy el mundo
es de hierro colado".
May Sarton

Águila ratonera - Buteo buteo

Como un espectro de un ave. Como si tocaran las campanas en la tarde y se lanzara entonces al vuelo pasando sobre nosotros como un sueño. Así vuela el águila ratonera, esta rapaz del viento que gusta de vigilar los prados desde un poste ya sea la tarde gris o el cielo de azul porcelana y no se moverá hasta que tenga a su presa avistada. Se lanzará entonces con determinación porque es necesaria la calma para distinguir la oportunidad, esperar paciente a que surja la ocasión y en ese instante alzar, por fin, el vuelo.


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Del anhelo de viento - Grulla



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
En papel ebook 


lunes, 17 de octubre de 2022

2 de noviembre, presentación de Flores. El esplendor de la Tierra en la Librería Juan Rulfo (Madrid)

 



"Las flores nos enseñan que hemos de florecer - a pesar de que el esplendor será breve-, nos invitan a a hacer cosas maravillosas, nos consuelan y dan alegría a nuestro corazón".

El próximo 2 de noviembre presenté en la Librería Juan Rulfo de Madrid, mi libro Flores. El esplendor de la Tierra. Estuve acompañada del escritor y paisajista Manual Gómez Anuarbe y de la editora Alicia Ares.                                                       

Puedes ver el evento grabado aquí: https://www.facebook.com/LibreriaJuanRulfo/videos/1560277301138618


Flores. El esplendor de la tierra en los medios






sábado, 17 de septiembre de 2022

Pájaros que llevan la alegría - Una urraca blanca en los jardines de la Universidad Autonoma de Madrid - Pica pica

 



¿De qué agreste balada de la verde Inglaterra,
de qué lámina persa, de qué región arcana
de las noches y días que nuestro ayer encierra,
vino la cierva blanca que soñé esta mañana?
J.L. Borges 

Dicen, con admiración, que supera la prueba del espejo. Tan inteligente como un simio, como un elefante como un delfín, como una orca. Tan compasiva, dicen los chinos, que construyeron un puente celestial apiadándose de la crueldad de los dioses con una pareja de enamorados

Estos días, en los jardines de la Universidad Autónoma de Madrid, puede verse una criatura extraordinaria: una urraca blanca, Pica pica, o como diría un ornitólogo, aquejada de leucismo. Esta fotografía tan hermosa es obra de Samuel de la Torre, de ANAPRI, que estudia en la facultad de biología y ha tenido la amabilidad de cedérmela para escribir esta entrada.

La urraca, explicaba el sabio Ángelo de Gubernatis, esconde el sol en la estación de las lluvias y las heladas; anuncia el lobo, aseguraban los alemanes. Gazza, la llaman los italianos porque al igual que a los griegos les divierte un ave tan charlatana. ¡Hasta compite con los ruiseñores!, se asombraba Teócrito.

Posada en el umbral, aventura un cuento ruso, anuncia que llegarán huéspedes que alegrarán la casa. Trae la hierba balsámica, roba ambrosía para las fiestas de los hombres. 

Para salvarle la vida, explica la leyenda del monte Chiaksan, una noche dos urracas tocaron las campanas para despertar a un joven rodeado por una serpiente. 

Quizá su plumaje blanco y negro, tan oscuro y a la vez tan claro, aventuraba Gubernatis, sea la fuente de tantas leyendas contradictorias. 

Urracas de buen o mal augurio, pájaros que llevan la alegría, aves parlanchinas, seres agradecidos, criaturas compasivas. 




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Una vida que procura felicidad. Ruiseñor

Un ave del Viejo Mundo - Tarabilla

 






jueves, 25 de agosto de 2022

Desde la tierra templada, la perfección de la Dalia - Real Jardín Botánico de Madrid

 


Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Ángel González



En estos días, en el Real Jardín Botánico de Madrid y hasta bien entrado el otoño florecen las dalias. Es la flor nacional de México, de donde es originaria, y cuando llegó a Europa en el siglo XVII, la cultivaron incansables en miles de variedades. Hay una dalia bailarina española, lirio de agua, san Valentín, polvo de estrellas, belleza de caramelo, dalia tartán, carnaval Devon, apache, Alessia, dedicada a Frank Kafka y la preferida de las bodas, café con leche porque su tono crema realza el blanco del vestido de cualquier novia. 

¿De dónde provienen las plantas con flores?, se preguntaba el botánico Javier Fuertes, jefe del departamento de Biodiversidad y Conservación del Real Jardín Botánico. "No encontramos nada entre los helechos y ellas". 

Quien contempla la gloria de su forma, escribía Louisa Yeomans King en la introducción a El libro de los aficionados a las dalias de Henrietta Maria Schroeder, siente la alegría de un mundo hermoso. "De todas las flores de estación, ¿hay alguna tan majestuosa como la dalia?" 

"Qué determina la adaptación de una flor a un polinizador", continuaba Fuertes, su aspecto general, su color, si los pétalos son lisos o rugosos "en función del insecto o ave que necesite agarrarse, si ofrecen néctar o polen que puede tener espinas, que en contra de lo que pudiera pensarse, es un mecanismo para descargar la electricidad estática que produce la vibración de las abejas y así evitar que se lleven todo el polen". 

La dama de las dalias, la neoyorquina Henrietta Maria Schroeder, jardinera de dalias, pintora de dalias y escritora de guías sobre dalias, admiraba el temperamento de esta raza de flores: "sus inexplicables malhumores y sonrisas, su amor por el sol. No las convenceremos para que soporten la escarcha porque las dalias alcanzan la perfección en una tierra templada ". 

"Nuestros sueños", escribía el jardinero Lawrence K. Peacock , "se hacen realidad en mayo y junio cuando todo florece en una variedad infinita pero cuando las flores se despiden de nosotros necesitamos una criatura soberbia entre el tiempo de las las rosas y el de los crisantemos y esa es la dalia."  





Ordenadas por su nombre común
Maribel Orgaz 
Ed. Cuadernos del Laberinto 



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La sosegada belleza del agapanto - Agapanthusen el Parque Felipe II, San Lorenzo de El Escorial - Madrid

Bajo la poesía de su sombra, tilo plateado - En Madrid y en Rumanía, Tilia tomentosa










domingo, 21 de agosto de 2022

El orgullo y la plenitud de la vida - La luz que nos ciega, Antonio Guerra - Real Jardín Botánico, Madrid - Fundación ENAIRE y PHotoEspaña

 

Lo que puede acercarse a la belleza,
al veloz arabesco de un caballo.
Pablo Neruda 


Equus de estepa, de los bosques y de las altiplanicies, escribía Caroline Silver sobre el origen del caballo, hasta que el hombre decidió criarlos para obtener "fuerza, dulzura de temperamento y belleza" y así consiguió caballos de guerra y de tiro, para cazar y saltar, ponis, rocines, cartujanos, frisones, asturcones y los más singulares de todos, los caballos árabes.

"De patas delicadas y resistentes", un animal lleno de "gracia, orgullo y plenitud de vida".

En qué momento, se preguntaba el fotógrafo Antonio Guerra, premio Fundación Enaire, que expone su proyecto La luz que nos ciega hasta el 28 de agosto en el Real Jardín Botánico, se abandona el mito para explicar la naturaleza y abrazar sólo el argumento de la ciencia.

El caballo árabe que según la leyenda dios hizo de un puñado de viento es "el más bonito e individual del mundo, traído a Europa durante las Cruzadas", escribía con admiración Caroline Silver, periodista, amazona y autora de éxito de guías equinas. Y ante tanta belleza aquellos hombres pensaron de inmediato en usarla para sus guerras "pero debido a las pesadas armaduras que requerían monturas de gran talla y consistencia" no fue hasta "el Renacimiento y las campañas napoleónicas" cuando los combatientes con armas ligeras pudieron llevar estas bestias fabulosas a las carnicerías de sus peleas. 

"En el durísimo invierno de 1812, el ayudante de campo de Napoleón, en una carta a sus superiores decía: el caballo árabe soporta mejor las privaciones y penalidades que el europeo. Al finalizar la cruel campaña de Rusia, casi todos los caballos que el Emperador dejó fueron árabes. El general Hubert... sólo pudo devolver a Francia uno solo de sus cinco caballos y era árabe. El capitán Simmoneau sólo conservaba su árabe y lo mismo sucedía conmigo mismo", Silver.

Antonio Guerra fotografía un caballo postrado en "La luz que nos ciega, un trabajo sobre paisajes alucinados, animales heridos, de la finitud del hombre con lo que le rodea". De la naturaleza explicada no a través del mito o la ciencia, de la admiración o la belleza, narrada solo desde el desastre y la pérdida. 



Hasta el 28 de agosto en el Real Jardín Botánico de Madrid
Editado en fotolibro, ediciones Dalpine





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lunes, 15 de agosto de 2022

La sosegada belleza del agapanto - Agapanthus en el Parque Felipe II, San Lorenzo de El Escorial - Madrid

 



Con rosas primavera, con los trigos
el verano, el otoño con los higos
y el negro invierno con las blancas nieves.
Miguel de Unamuno


En el parque Felipe II en San Lorenzo de El Escorial (Madrid) florecen sus últimos días agapantos azules y blancos (Agapanthus). Llegados desde Sudáfrica a Europa en el siglo XVII, también son conocidos como flor del amor, lirio africano o corona del rey. 

En este modesto jardín escurialense, han sido plantados en los márgenes para que al contemplar su sosegada belleza brinden frescor a nuestros veranos cada vez más intensos. 

Agapantos de casi un metro de altura, las mismas flores que Claude Monet llevó a sus cuadros una y otra vez durante años intentando captar la luz cambiante de aquel paraíso de agua, de aquella antigua finca de manzanos. 

Coronas del rey azuladas o blancas que se alzan como una proeza, con tanto encanto y fuerza que también a nosotros, como al pintor francés, se nos irá el tiempo en admirarlas, en sentir su fresca ligereza.  



Ordenadas por su nombre común
Maribel Orgaz 
Ed. Cuadernos del Laberinto 



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sábado, 13 de agosto de 2022

Bajo la poesía de su sombra, tilo plateado - En Madrid y en Rumanía, Tilia tomentosa


Bajo el techo de las ramas,
al descender hacia el valle,
caminando cambiaremos
nuestros besos como flores.
Mihai Eminescu

Generoso de sombra, lo sabe todo el que descansa bajo su copa en los veranos madrileños. Tilo plateado, un árbol muy apreciado en las ciudades por su comportamiento estable, dicen los jardineros, porque a diferencia de la acacia, sus ramas no caerán de improviso sobre las calles. 

Es originario de las tierras que se extienden desde Hungría, en donde se le conoce como tilo húngaro, hasta Rusia e incluso Turquía en donde crece en los valles de los ríos, junto a bosques de olmos y robles en laderas de montaña pero lo tenemos en Madrid porque se adapta a la vida en un alcorque, al ruido del tráfico; a los suelos pobres y al calor del asfalto. 

Amado por las abejas, coinciden los expertos, que liban sus florecer a principios de verano, quizá como aquel poeta rumano cuando descansaba bajo este árbol de las penalidades y angustias en su destino de Iași

En el parque Copou, un tilo plateado de más de quinientos años es venerado no sólo porque sus hojas sean de tantos colores, verde oscuro y plateadas en el estío, doradas en la otoñada, no sólo porque sus ramas gentiles se mecen elegantes como las del sauce o porque sus flores crema perfuman el aire cada año. 

Se honra y respeta este tilo centenario porque, afirman lectores apasionados, bajo su antigua dulzura, el hermano de Keats y Hölderling, el gran Mihai Eminescu escribió algunos de sus mejores versos. 

A resguardo de los tiempos furiosos, recordando su infancia entre lagos y grandes hayas, el mundo volvía a ser de nuevo, fresco y venturoso. 


    Cuando muera, querida, no llores a mi lado;
pero al sagrado tilo arráncale una rama, 
     ponla en mi cabecera y entiérrala conmigo.


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El espasmo de los volcanes y el viento de la noche, la obsidiana - El espejo humeante, Miguel Ángel Blanco - Museo Nacional de Antropología (Madrid)

En mi corazón soy un chico de campo. George Stubbs