miércoles, 27 de mayo de 2026

Mi rincón favorito del Real Jardín Botánico - Invitada del mes - Podcast del Real Jardín Botánico

 

Cada mes, el Real Jardín Botánico entrevista en su podcast a un visitante y en este mes de mayo, Jonathan Gil, conductor del programa, ha tenido la amabilidad de entrevistarme para que hablara sobre mi lugar favorito del jardín.

Mi sugerencia empezó por el día de visita, si es posible, en domingo, porque es cuando se corta al tráfico el Paseo de Recoletos, entre la Plaza de Carlos V y las Cibeles, y el jardín gana en silencio: se escucha mejor a los pájaros, las ranas si es la estación, y el sonido del viento y las corrientes de aire en la vegetación.

Y mi lugar especial es la estufa de las Palmas, la estufa fría

Es que es muy romántico me dicen, pues sí, es muy romántico y tiene un olor y un frescor únicos por la vegetación que tapiza las paredes hasta el techo.

 Y que a un urbanita que vive entre asfalto y cemento le cautivará. 



Sólo en mis visitas al Hayedo de Montejo en otoño y en invierno he sentido ese aliento vegetal flotando casi fosforescente alrededor.

Al final, y hay que agacharse al recorrer los dos pasillos para rozar lo menos posible palmeras y helechos, se encuentra un diminuto estanque oscuro y fresco, de forma semicircular como el ábside de una iglesia. 

La estufa parece entonces un lugar mágico, en esa quietud y temperatura, con el sonido del agua y la luz tamizada por el cristal. 

El podcast está realizado por Jonathan Gil y coordinado por Jesús García, jefe de comunicación del Real Jardín Botánico. Puedes escucharlo aquí.








sábado, 23 de mayo de 2026

La verdadera inteligencia se revela en la capacidad de escuchar, aprender y admirar - Ecoanimal, Marta Tafalla y la estética de la naturaleza - Editorial Plaza y Valdés

 


Maribel Orgaz @curionatural
La estética de la naturaleza, explica la filósofa y docente en la Universidad de Barcelona, Marta Tafalla en su libro Ecoanimal (Editorial Plaza y Valdés), no se desarrolló desde la Ilustración. 

El punto crucial fue Hegel para quien la estética sólo debía referirse al arte. Deleitarnos en la apariencia de las cosas no se refería a bosques y ríos, debía ceñirse a lo creado por el hombre.

El establishment universitario había impuesto, una vez más, un camino al pensamiento.

"La excepción", continúa la profesora Tafalla, fueron Nietzsche y Schopenhauer "pero trabajaban fuera de la universidad y no fueron reconocidos".

Sin un discurso filosófico sobre las experiencias estéticas, "que las analizara y las diera entidad teórica", pajareros, senderistas, naturalistas, buceadores, jardineros escribieron y reflexionaron sobre sus vivencias, elaboraron sus propios discursos.

El silencio de la filosofía académica, en palabras de la pensadora, que es también otra cara del dominio, tuvo como consecuencia que era fácil "dañar aquello que no se conoce, no se valora ni se disfruta".

Aunque marginal, el camino abierto por Nietzsche y Schopenhauer, fue retomado con por Theodor W. Adorno para continuar la construcción de una estética de la naturaleza, de la belleza natural. 

En España, Marta Tafalla es una voz pionera en esta reivindicación de una estética de la naturaleza que ella define como

 "la contemplación desinteresada, que no satisface nuestras necesidades biológicas, que es un fin en sí mismo".

Una contemplación serena que acalla nuestras prisas y preocupaciones e implica, detalla en Ecoanimal, dirigirnos a bosques y ríos y a los animales que los habitan, para contemplarlos sin interferir ni instrumentalizar. 

En ese encuentro superamos la soledad y la "racionalidad (....) y no acallamos su voz con nuestra voz". 

A esta apreciación estética de la vida que nos rodea, el filósofo Allen Carlson, recoge Marta Tafalla, añade que debería basarse en el conocimiento que proporcionan las ciencias naturales.

Al apreciar una obra de arte, apreciamos lo que somos y reforzamos los lazos entre nosotros, "celebramos nuestra humanidad" pero si apreciamos la naturaleza "somos uno más".

La apreciación estética de la naturaleza, concluye Marta Tafalla, "se basa en admirar aquello que no somos ni podemos crear y la profundidad de esta experiencia está relacionada con la capacidad de asumir la propia finitud, silenciar el yo y abrirse a apreciar lo diferente". 


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La fantasía de los viajeros y la historia de los animales - Ángel Cabrera en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid

















viernes, 15 de mayo de 2026

El dios de la tormenta y las desgracias soñadas - Soy Asurbanipal. Exposición CaixaForum. Madrid

 


Que ante ti el sendero sea llano,
que el camino se abra para que puedas pasar
y que la montaña se abra, también, a tu paso.
Poema de Gilgamesh 

Maribel Orgaz - @curionatural
Los dioses, afirma una cartela, enviaban señales a través de los sueños y debido a que podían traer malas noticias, las tablillas detallan rituales para alejar las desgracias soñadas.

Por su parte, los médicos realizaban rituales y conjuros para proteger a sus pacientes de los demonios, los espíritus y las fuerzas malignas.

Arsubanipal, rey asirio, que se enorgullecía de saber leer y escribir, de conversar con eruditos y resolver problemas matemáticos complejos, protagoniza una gran exposición en CaixaForum Madrid (hasta el 4 de octubre).

Las estelas narran guerras despiadadas, cacerías de leones, jardines en los que cuelgan las cabezas cortadas de los enemigos mientras el monarca se deleita con su esposa y son atendidos por músicos y sirvientes.

Las tablillas detallan hechizos y rituales y señales fatídicas en el cielo y en las casas, en los campos y en los comportamientos de los animales.

Arsubanipal "consultaba los augurios antes de tomar una decisión importante" pero si no eran favorables se recurría a ritos especiales para contrarrestarlos. 

En 2025 se descifró una tablilla sumeria del 2.400 a. de C. que narraba un mito, el dios de la tormenta Iskur había sido atrapado en el inframundo y los ríos dejaron de fluir, los animales no encontraban alimento y los niños morían al poco de nacer. 

Un zorro es el encargado de rescatarle, un humilde animal viajó, según los sumerios, al averno para traer de vuelta al gran señor de los rayos y el viento. 


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Tierras olorosas - Búcaros. Valor del agua y exaltación de los sentidos en los siglos XVII y XVIII - Museo de América. Madrid, España


miércoles, 6 de mayo de 2026

Jardineros generosos - Calas - Avenida de Machupichu. Canillas, Madrid - Zantedeschia aethiopica

 


La luz del corazón
llevo por guía.
Luis Rosales

Maribel Orgaz - @curionatural
Una vez al mes, acudo a un encuentro de lectores en uno de los barrios más poblados de Madrid, Canillas, de unos cincuenta mil habitantes. Canillas era antes de ser devorado por la ciudad, un pueblo y cuando en 1950 fue absorbido se edificó aprovechando cada metro cuadrado. 

Para mí, acostumbrada a tender la vista, apenas salgo de mi casa, a través de las dehesas hasta la sierra de Guadarrama, caminar por sus calles abrumadas se convierte en una búsqueda, en cada rincón, de cualquier brizna de belleza. 

Al salir del Metro, elijo la distancia más larga por la calle más sinuosa, la Avenida de Machupichu admirando cómo los canillenses en sus diminutos arriates y el ayuntamiento en las zonas comunes han hecho crecer en cada desnivel, en cada recodo, plantas y flores. 

Lectores de diferentes procedencias nos reuniremos esa tarde de abril para hablar de hombres y mujeres que escribieron obras de literatura excepcionales, esas que brillan por siempre en el corazón de quien las lee. 

Mientras camino sonrío ante las rosas y los geranios y distingo algunas petunias y azulados pensamientos cuando uno de los portales me sorprende porque han adornado su entrada, que es un poco más grande, con un parterre de lirios de agua, calas Zantedeschia aethiopica de dulce perfume que refulgen tan blancas sobre el verde oscuro de hiedras y rastreras.

En 1925, Mijaíl Bulgákov, el escritor de este mes, escribió Corazón de perro, en el que un sufrido animal callejero deambulaba en la nieve del invierno moscovita buscando algo de comida mientras se repetía: "mi alma aún no se ha rendido. Mi alma no se doblega fácilmente".  

En esta avenida y en todo el barrio, los edificios más viejos se mezclan con los nuevos, unos ocultan el sol a los otros, enormes bloques que se edificaron inmisericordes sin tener en cuenta ni clima, ni orografía.

Damnificados de la avaricia, estos vecinos como jardineros generosos embellecen cada pequeño hueco en el asfalto, cada trocito de tierra baldía, con esta pasajera luz que no sucumbe a esas inmensas torres de desdicha. 


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Poblado de montes y frutales, de aguas claras y sutiles - Don Blas y Miraflores de la Sierra - Federico Olóriz y Santiago Ramón y Cajal - Madrid