miércoles, 6 de mayo de 2026

Jardineros generosos - Calas - Avenida de Machupichu. Canillas, Madrid - Zantedeschia aethiopica

 


De mirar levantado hacia la altura
como una fuente con el agua helada.
Luis Rosales

Maribel Orgaz - @curionatural
Una vez al mes, acudo a un encuentro de lectores en uno de los barrios más poblados de Madrid, Canillas, de unos cincuenta mil habitantes. Canillas era antes de ser devorado por la ciudad, un pueblo y cuando en 1950 fue absorbido se edificó aprovechando cada metro cuadrado. 

Para mí, acostumbrada a tender la vista, apenas salgo de mi casa, a través de las dehesas hasta la sierra de Guadarrama, caminar por sus calles abrumadas se convierte en una búsqueda, en cada rincón, de cualquier brizna de belleza. 

Al salir del Metro, elijo la distancia más larga por la calle más sinuosa, la Avenida de Machupichu admirando cómo los canillenses en sus diminutos arriates y el ayuntamiento en las zonas comunes han hecho crecer en cada desnivel, en cada recodo, plantas y flores. 

Lectores de diferentes procedencias nos reuniremos esa tarde de abril para hablar de hombres y mujeres que escribieron obras de literatura excepcionales, esas que brillan por siempre en el corazón de quien las lee. 

Mientras camino sonrío ante las rosas y los geranios y distingo algunas petunias y azulados pensamientos cuando uno de los portales me sorprende porque han adornado su entrada, que es un poco más grande, con un parterre de lirios de agua, calas Zantedeschia aethiopica de dulce perfume que refulgen tan blancas sobre el verde oscuro de hiedras y rastreras.

En 1925, Mijaíl Bulgákov, el escritor de este mes, escribió Corazón de perro, en el que un sufrido animal callejero deambulaba en la nieve del invierno moscovita buscando algo de comida mientras se repetía: "mi alma aún no se ha rendido. Mi alma no se doblega fácilmente".  

En esta avenida y en todo el barrio, los edificios más viejos se mezclan con los nuevos, unos ocultan el sol a los otros, enormes bloques que se edificaron inmisericordes sin tener en cuenta ni clima, ni orografía.

Damnificados de la avaricia, estos vecinos como jardineros generosos embellecen cada pequeño hueco en el asfalto, cada trocito de tierra baldía, con esta pasajera luz que no sucumbe a esas inmensas torres de desdicha. 


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