Mirando hacia la alturareconozco tus pasos.Pablo Neruda
Los signos del otoño son cada vez más evidentes en el camino a mi periódico y en mi paseo.
Tras el eclipse, muy temprano, sólo las ramas más altas de los grandes chopos de la Avenida Dos Castillas, que desemboca en ese arbolito llamado Rosa de Siria, se mecieron un año más con un viento racheado que parece complacerse sólo en esa altura. Al igual que el tilo y el roble de la piscina.
Anhelaremos durante unos días más frescor, sí, y el falso hinojo continuará perfumando el camino junto a la dehesa colmenareña pero la sombra va ganando al día cada noche. Amanece más tarde y hay que esperar a las siete de la mañana para escuchar el primer pájaro, un atrevido mirlo entre los pinos.
El escaramujo ya tiene frutos y los fresnos y alisos, agotados por el verano, se deshacen clareando sus ramas. En las zarzas escasean las moras. Ayer, la primera tormenta.
Y cada atardecer, como el de la fotografía, vuelan gaviotas hacia su dormidero, el embalse de Santillana. Vienen de la costa a descansar en estas aguas, en su invernada, a hermosear este paraíso.
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El ganado ha de bajar a las tierras templadas
