sábado, 6 de febrero de 2021

El esplendoroso caos de las rosas - Santiago Ramón y Cajal y sus precisos y elegantes dibujos - Museo de Ciencias Naturales (Madrid)

 

"A ella era la que quería, siempre y primero". Miguel Ángel Asturias.

El chico se había propuesto hacer un diccionario de colores y reunía con tenacidad toda la gama que rocas, árboles, el atardecer o el río le proporcionaban. Tenía 12 años y su padre les tenía sometidos a él y a su hermano a una disciplina feroz encaminada a que ambos estudiaran medicina. Dibujar o leer eran actividades prohibidas, les apartaban de aplicarse en las materias escolares. 

Las flores más apreciadas en todo el mundo son las rosas, la más dibujada por los pintores del Museo del Prado y las reinas de toda la poesía española  desde Garcilaso de la Vega hasta Quevedo. Las rosas atraviesan siempre frescas "la alegre espiritualidad del Renacimiento y el ánimo sombrío del Barroco", afirma el filólogo Javier de la Peña Álvarez. En algún momento, la estimación de los poetas es tan grande que desde el siglo XVII les dedican en exclusiva poemas enteros. 

El color que Santiago Ramón y Cajal quería dibujar, allá por 1864, era el de "una hermosa rosa llamada en Huesca de Alejandría, flor tan notable por su color como por su fragancia", cuenta en su autobiografía y decidido a captar sus tonalidades, fue a cortarla de un jardín con otros compañeros. Saltaron la tapia, se hizo con ellas y salieron corriendo perseguidos por los dueños de la casa. 

El género Rosa, explican los botánicos, pertenece a la familia Rosae y está estrechamente relacionado con las manzanas, las peras, el membrillo y la ciruela, la cereza, las moras y las fresas. La dulzura gusta de la dulzura, según parece, en este lugar del reino vegetal.

En 1951, la editorial Seix Barral pidió al ecólogo Ramón Margalef un texto a modo de felicitación navideña, Historia de la Rosa: "en casi todas las lenguas cultas existe el nombre de la rosa. Hasta cierto punto, las rosas son obra humana y esta es quizá una de las razones de su afinidad con nosotros", detallaba.

La infancia que Santiago Ramón y Cajal dedicó a los lápices y los colores a pesar de los castigos paternos, floreció en su talento para dibujar Anatomía en las clases universitarias y sus "observaciones microscópicas", detalla la cartela de la exposición que en el Museo de Ciencias Naturales tiene lugar estos días; según el histólogo Washington Baño "sus dibujos son de una precisión, elegancia y veracidad no superadas".

Margalef escribe con humor acerca de algún herborizador que enloquecía intentando poner orden en la variedad y riqueza de las rosas, un vegetal desconcertante que parece empeñado en enseñarle al hombre "lo artificioso de sus archivos de plantas secas, de sus patrones". El esplendoroso caos de esta planta prolifera desde Alaska a Siberia y los hombres se esmeran en la eufonía y buen gusto al nombrarlas: Rosa myriacantha, Rosa sempervivens, Rosa arvensis. China y su Rosa índica, Oriente y su Rosa Damascena.

Los hermosos dibujos de Santiago Ramón y Cajal viajaron en una exposición durante tres años por diferentes museos de Estados Unidos y Canadá: "el padre de la neurociencia moderna dibujó el cerebro de una manera que proporcionó una claridad superior a la lograda por las fotografías, combinando habilidades científicas y artísticas para producir dibujos extraordinarios".

Las rosas silvestres se dispersaron por las tierras templadas y también las frías del hemisferio boreal desde tiempos primitivos y quién sabe por qué azar, el hombre se encariñó con ellas. "Las cultiva, las moldea a su manera y la flor, por su parte, va influyendo en él: una vez erigida en ideal de belleza, los cánones estéticos parecen ordenarse nuevamente en derredor suyo", continúa Margalef.

La flor que le costó tanto disgusto a Santiago Ramón y Cajal era antigua. En 1867, Jean-Baptiste André Guillot rosalista, hijo del también rosalista Jean-Baptiste Guillot, crea La France, una rosa que dedica a su país, la primera rosa moderna de jardín. Más de 10.000 rosas diferentes crecen desde entonces a partir de este logro, los híbridos de té. 

  "...y así, entrelazados sus destino, el hombre y la rosa, la más humana de las flores, seguirán juntos mientras ambos permanezcan sobre la Tierra", concluye el ecólogo.


Museo de Ciencias Naturales (Madrid) - Exposición - Santiago Ramón y Cajal  - Prorrogada  


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En mi corazón soy un chico de campo. George Stubbs

martes, 2 de febrero de 2021

De la mitad de los sueños - Mochuelo común

                         

Mochuelo común -  Athene noctua


Las aves también duermen al igual que nosotros y también como nosotros, el sueño es en parte ligero y en parte, profundo. Pero aquí surge la maravilla, son capaces de dormir con medio cerebro y un ojo cerrados mientras la otra mitad y el otro ojo están alerta. Cuántas veces hemos deseado que nuestras pesadillas fueran, al menos, la mitad de lo que fueron. Cuántas veces habremos implorado a un dios piadoso que librara a los hombres de, al menos, una parte de sus tormentos. Búhos, lechuzas y mochuelos, criaturas que sólo se entregan a medias a las sombras, sabios espíritus de la noche.


La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid


viernes, 29 de enero de 2021

Un agua hermosa y clara - El árbol del dragón - La nueva sala de El Bosco en el Museo del Prado

 



En la isla, afirmaba un comerciante que recaló allí, no hay fuentes y los lugareños vivían del agua hermosa y clara que destilaba un árbol que por desgracia, fue abatido en 1612 por una tormenta. La isla era El Hierro en las Canarias y aquella planta extraña, un drago. Sólo en un clima suave y templado podían crecer los dragos o, por supuesto, en un paraíso celestial, en el Jardín del Edén.

"De todos los árboles que el Bosco reflejó en El Jardín de las Delicias, uno es el más singular: el drago", explicaba el investigador Peter Mason. Bajo él, Eva es presentada a Adán que sentado y con los pies cruzados recibe a su compañera no bajo el árbol de la sabiduría, la palmera, si no bajo el Árbol de la Vida, un drago. 

El Bosco, nacido en un pequeño pueblo de los Países Bajos del que toma su nombre: Bosque Ducal, el Bosque del Duque, hizo un buen matrimonio con una mujer adinerada, lo que le permitió viajar un par de veces por Europa, aunque es dudoso que viese un drago. Lo más probable es que reprodujera un grabado anterior que reflejaba con bastante precisión el modelo del natural, detalla Mason. 

El Génesis no especifica cuál es el árbol sagrado del Paraíso pero este anhelo humano de una planta mítica, un vegetal de la eterna vida, es común, afirma Tryggve Mettinger a todas las culturas. 

La savia rojiza del drago producía extrañeza a los indígenas del Amazonas y a los cristianos que se maravillaban ante su capacidad para restañar heridas y curar úlceras. Unos creían que era una muchacha que brindaba generoso consuelo a los heridos; los europeos que el drago surgió de las salpicaduras de sangre de un espantoso guardián: en un jardín divino, crecían frutos de oro que defendía un dragón monstruoso. 

Para los persas, su Árbol surgió del océano en donde dos peces cuidan de que nadie se acerque y son tan sensibles que pueden darse cuenta de si una "aguja atravesaba el agua". En el Paraíso del Dios cristiano, en el Jardín de las Hespérides y ese inmenso mar, también, de agua clara; los hombres rodean sus árboles con la fiera ternura de las más extrañas criaturas. Niños con espadas de fuego protegen por los siglos de los siglos, el drago después de que Adán y Eva decidieran probar qué tal les iría en el mundo real y abandonaran el Paraíso. Grandes serpientes cuidan de los árboles sagrados de los serer cuyo origen del mundo es un pantano.  

En 1593, El Jardín de las delicias es llevado al Escorial, el palacio de un rey fascinado por un pintor que adoraba desplegar a todo color sus sueños y las fuentes de la vida, elefantes y cientos de pájaros, mujeres y hombres siempre jóvenes, osos golosos comiendo madroños. 

"Cualquier museo del mundo querría tener esta sala", afirmaba Alejandro Vergara, Jefe de Conser­vación de Pintura Flamenca, al presentar la remodelación del espacio que El Bosco ocupa en el Museo del Prado. Las paredes, en un verde más oscuro, los soportes que dan ligereza, la iluminación. El espacio se ha aclarado y en él flota este óleo realizado en tablas de roble.

Cuando el cuadro, en forma de tríptico, se cierra, el Universo vuelve a ser gris. El Bosco ha representado la Tierra sin animales, sin el hombre, sin el Sol, en el Tercer día de la creación: 

Dijo entonces Dios:

«Quiero que las aguas que están debajo del cielo

se junten en un solo lugar, y que aparezca lo seco».

¡Y al instante se hizo así! 

Dios llamó «tierra» a lo seco, y llamó «mar» a las aguas.

Al ver Dios tal belleza, dijo:

«Quiero que haya en la tierra

árboles y plantas que den fruto y semilla».

¡Y al instante se hizo así!


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Un ave del Viejo Mundo - Tarabilla

martes, 29 de diciembre de 2020

Antes del hombre, el pato - Ánade real

 

Ánade real -  Anas platyrhynchos


El Quinto día aparecí sobre la Tierra, dice el texto sagrado, junto a las otras aves, los peces y las criaturas marinas, después de haber sido creados la luz y la oscuridad aunque en otros lugares alejados, la leyenda dice que la divinidad me ordenó traerle fango en el pico y con él, hacer las montañas. Así que en aquel lugar, en el que los hombres habitan estepas heladas, creen que sólo Dios y el mar existían antes que los patos. Ni siquiera el hombre, ni siquiera el demonio. Antes, existían los patos. Una coincidencia extraña que debería hacer pensar en una Tierra en la que, los atentos dioses que la crearon y poblaron nunca dejaron para el final a la trucha o el árbol, a la hierba o la hormiga como sí lo hicieron con el hombre, el último habitante, al que tantas veces le sería necesario recordar que fue puesto aquí tras todo los demás.


La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid


sábado, 26 de diciembre de 2020

El mar y los viejos maestros: Van Gogh, Turner, Monet, Ting-Qua - Los paisajes marinos reinventados de Reuben Dangoor, Future Seascapes

 


"No trato de decirle a la gente a la gente qué hacer, sino de que se comprometan con lo que les afecta", afirmaba en una entrevista el artista Reuben Dangoor.

Dangoor, cuyo trabajo incluye subvertir viejas pinturas de poder cambiando al protagonista, diseñar zapatillas para Adidas o liberar a reyes y reinas de sus acartonados retratos de aparato propone en su nuevo trabajo una mirada futura sobre un mundo más ecológico, a través de la revisión de algunas marinas famosas.

La belleza de El Temerario remolcado a su último atraque para el desguace (1863), en el que un navío es arrastrado a dique seco por una barcaza de vapor es reinterpretada por el artista londinense en un nuevo significado para el espectador. Turner, afirman los críticos, presenció cómo aquel barco de guerra, orgullo de la Marina Real inglesa, era llevado al desguace en una puesta de sol solemne y sentimental. La era industrial, afirman los críticos, daba por terminada la navegación a vela.


En la propuesta de Dangoor, a instancias de Lloyd´s Register Group, el buque de guerra es un carguero y el futuro reimaginado tiene una mirada llena de confianza. Nuestras gigantescas naves que surcan el mar pueden navegar de manera limpia, sin emisiones de carbono, y la belleza, nos promete en esta visión, permanecerá.

En la galería virtual que Lloyd´s Register G. ha inagurado con esta exposición, Future Seascapes, Reuben Dangoor ha reiventado además de la marina de Turner: Los barcos en el Sena de Monet, El yate Trinity House Yacht de Thomas Whitcombe, Vista de de Hong Kong Tingqua, Escena del puerto de Edward Seago y El mar en Saintes-Maries-de-la-Mer de Vicent Van Gogh. 

"Me cautivó la idea de reinventar viejos paisajes marinos para representar un futuro más ecológico y más limpio, y hacerlo a través de un medio digital y tecnológicamente avanzado coincide con los objetivos ecológicos de la industria naviera para 2030. Todos tenemos un papel que desempañar en la crisis climática", afirmaba Dangoor.

Las pinturas de los antiguos maestros, óleos sobre tela, han sido modificadas imprimiendo en alta calidad una fotografía y trabajando en ellas con pintura acrílica. De las seis, quizá la más alterada sea la de Thomas Whitcombe y las más extraordinaria. 

La extraña apariencia de una nave de diseño futurista que surca con su confiada blancura, las olas de un mar oscuro y amenazante es un mensaje de esperanza: seguiremos avanzando como siempre hemos hecho, en un mundo a menudo difícil. Superaremos este reto.

"Las obras de arte, afirmaba Nick Brown, director general de Lloyd’s Register Group, son una forma de comunicar nuestro compromiso con el cambio climático. Todos tenemos un desafío y todos tenemos la capacidad de ser parte de la solución".

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Olvidarse del mundo y ser sólo distinción - Jardines de Vista Alegre, Carabanchel - Madrid


 

domingo, 13 de diciembre de 2020

Ni un rey en toda su gloria - Lirios

 


Lirios - Iris xiphium

Ni un rey en toda su gloria, dice el texto sagrado, se vistió de manera tan hermosa como los lirios del campo. Así que los reyes buscaron de inmediato aquella flor para apropiársela. Llenaron sus túnicas de flor lis, en sus coronaciones las aves les traían ramilletes en sus picos, las tejieron en oro sobre fondos azules, se esculpieron en las columnas de sus palacios y las cargaron de significados que ellos querían para sí: lealtad,  pureza, nobleza. Ve ahora a encontrarlas en nuestros campos con la mirada limpia de toda  ambición. Contempla su valiente belleza que apenas soportará el rigor del verano y sin embargo, no guarda para sí una sola posibilidad, se abre a la efímera dicha de la primavera como nosotros deberíamos hacer porque acaso no se trata tan solo de eso, del corazón que no duda en florecer.




La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Cien momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid




viernes, 4 de diciembre de 2020

Flores inmortales de una eterna primavera - Entre Manila y Cantón. Arte botánico de Asia en el Real Jardín Botánico

El doctor Balmis había llegado a Filipinas, entonces territorio español, el 15 de abril de 1805 a bordo del Magallanes, para continuar su campaña de vacunación de la viruela. En Macao, bajo administración portuguesa, se le recibió como un héroe y apuró hasta el último momento, vacunando en Guangzhou ( 广州 ) antes de comenzar su regreso a España.  

En agradecimiento a su labor, le obsequiaron con más de doscientos dibujos de plantas y pájaros, parte de los cuales se exhiben estos días en el Real Jardín Botánico en la muestra Entre Manila y Cantón. "Las colecciones asiáticas, afirmaba Gonzalo Nieto Fariner, ex director del Real Jardín, no son las de mayor calidad pero sí muy especiales". Estos dibujos, regalados a Balmis, no fueron realizados bajo dirección botánica eran uno de los productos con los que Manila abastecía el gusto occidental de la burguesía y las clases altas por las chinerías.

Pero más allá de la calidad científica de todos ellos, que es a lo que se refiere Fariner, la diferencia entre China y Europa con respecto al reflejo de la Naturaleza en el dibujo y la pintura, ya sea por motivos de ciencia o estéticos, es significativa. 

En el siglo IV los chinos dibujaban paisajes, los occidentales no lo hicieron hasta el siglo XVIII; la pintura de flores y plantas se independizó como género con la dinastía Tang hacia el siglo VIII pero entre nosotros, hay que avanzar hasta el siglo XVII para encontrarla como especialidad en Holanda. Tras el deleite oriental en reflejar el entorno natural subyace el taoísmo que enfatiza la armonía con la Naturaleza, explican los expertos. 

Además de la colección Balmis, y los originados en las expediciones de Juan de Cuéllar en Filipinas y Alejandro Malaspina, otro grupo de 14 dibujos atestigua un momento dorado en el interés español por la Historia Natural, los provenientes de la colección del médico y naturalista Jan le Franq van Berkhey (Leiden,1729-1812) que Carlos III adquirió en subasta pública en 1785.

Los dibujos chinos de la colección van Berkhey pertenecen a un estilo que los jesuitas desarrollaron en la corte de Pekín, el denominado sino-europeo, ideado en el taller del padre Giuseppe Castiglioni conocido como Lang Shining y que estuvo al servicio de tres emperadores.

Este misionero, pintor exquisito según los especialistas, realizó una cartilla (Flores inmortales de una eterna primavera), a partir de la cual, sus ayudantes producían dibujos de claves, azucenas, peonías, rosas, crisantemos, azucenas, amapolas y otras flores que se cultivaban en los jardines occidentales. Estas pinturas se vendían con gran éxito a clientes de uno y otro lado. 

Los viajes de Balmis o Malaspina, al Orinoco o a Filipinas explicaba Nieto Fariner, duraban décadas. A menudo, los ilustradores perdían la vida o enfermaban de fiebres que arruinaban su salud. Los materiales tenían que sobrevivir a incendios, catástrofes naturales, traslados en barco, desinterés de las siguientes generaciones o simplemente, desidia administrativa. 

Todo este inmenso estudio de las riquezas naturales tenía un destino cuidadosamente planificado por el monarca. Carlos III, inmerso en el espíritu de la Ilustración, quiso crear en Madrid un "campus científicocompuesto por el Real Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico que trasladó desde la Moncloa, y un gabinete de Historia Natural en lo que ahora es el Museo del Prado". 


Entre Manila y Cantón. Arte botánico de Asia

Real Jardín Botánico - Hasta el 8 de diciembre.