domingo, 28 de marzo de 2021

Un ave del Viejo Mundo - Tarabilla

 

Tarabilla - Saxicola rubicola


Antes de que la menta de los prados florezca, llega la tarabilla a tierras eslavas. Ni a la menta ni a esta avecilla les gusta el frío, así que ambas se aseguran antes de ser vistas, que las temperaturas sean de bien entrada la primavera. Los ingleses, sin la dureza del clima ruso, llaman a este pájaro golpe de piedra porque su canto les recuerda un chasquido y en Kuwait se le tiene por un pájaro invernal. Los cataríes son afortunados, pueden disfrutar en sus cielos de hasta cuatro variedades de tarabillas: dos siberianas, una bizantina y una europea. Desde África, precisan, también tenemos nuestra propia tarabilla que como el zorzal y otras aves provienen de vuestro Viejo Mundo.



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid


                                                                
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Los soñadores

En mi corazón soy un chico de campo. George Stubbs

Un rostro es como un paisaje. Santiago Ydáñez

El agua nos hace felices



domingo, 21 de marzo de 2021

La alegría solar del diente de león - Pietro Andrea Gregorio Mattioli y Emily Dickinson

 

Entonces, muy pocos acontecimientos eran predecibles. Sabían que los niños se transformaban en hombres y se esforzaban en reconocer cómo sería la siguiente estación, si habría o no tormenta, hallar lugares en los que el agua fuera abundante y limpia, apartarse de los árboles que podían incendiarse por un rayo pero ocurría que dos hombres heridos de igual manera no tenían el mismo destino. Uno quizá sanaba y el otro no. Que dos mujeres gestando en el mismo tiempo podían dar a luz un hijo o quizá dos. Que el estío fuera demasiado frío y el invierno demasiado caluroso. Había ritos para tranquilizarse en el caos del mundo y calendarios que atestiguaban que el sol saldría tras ocultarse la luna. 

Pero lo único que predecía inmutable el tiempo nuevo eran las estrellas. Mirándolas podían saber el mejor momento para preparar los campos o echarse al mar. Cuando un león se formaba nítido en los cielos, a su alrededor, aquí abajo, crecían, indiferentes al frío, unas plantas de alegría solar. Amarilleaban por todas partes, alzándose bajo la mirada de constelaciones y galaxias,  confirmando el cambio de estación, llegaba por fin, la primavera.

Entonces, estaban seguros de que era el momento. En marzo, desbrozaban los campos de esas malas hierbas para que no compitieran con la siembra, con sus guisantes, con sus judías cuyas semillas habían mantenido a resguardo para evitarles las enfermedades del invierno.

"Si te frotas con una flor de diente de león", afirmaba el enérgico Mattioli "conseguirás lo que deseas". 

Por San José florece por todas partes una planta que recibe su nombre, afirman los botánicos, de su semejanza con la garra de un león o quizá su dentadura. 

Pietro Andrea Gregorio Mattioli, médico, naturista, botánico; doctorado en la Universidad de Padua recogió en sus escritos y hasta grabó en madera con gratitud y dicha, también decenas de plantas que no tenían utilidad alguna. Que eran asombrosas en sí. Que no se comían, no se usaban en pócimas ni cataplasmas, no se infusionaban para curar y a pesar de ello, eran criaturas igualmente dignas de atención.  

En pocos días, el León de los cielos bajaría a la Tierra y asolaría los campos devorando a las personas y al ganado. La canícula, el fervor que madura las cerezas y el melocotón pero que condena sin remedio las cosechas a destiempo, era tan temida que los hombres apresaron aquella fiera de fuego en un relato.

Las damas enviaban a Constantinopla sus sirvientes para hacerse traer flores exóticas con las que adornar sus jardines, cuentan las crónicas, y Mattioli no dudó en ir personalmente como embajador real. Regresó con la primera lila que se vio en Europa. Describió un tomate, creyó que las moscas en el roble anunciaba tiempos de guerra, elaboró tisanas para curar la peste pero de la fitoterapia llegó al puro amor por la Naturaleza, explican.  

Para vencer al calor que mata de sed, los hombres enviaron a un héroe, hijo de un dios y una reina mortal, Hércules que estranguló al león con sus propios brazos. Esta victoria podía contarse cada verano para vencer el miedo a un tiempo árido que si se prolongaba, lo arruinaría todo. 

En estos días templados en cualquier alcorque, en la hierba de nuestras rotondas, en los descampados florece, para no apartarse del sol, el diente de león. 

Las madres las bordan en la ropa de los niños como símbolo de buenaventura y arrancada por la tormenta es imprescindible para un hechizo con el que atraer a la persona amada. 

"Plántala en el noroeste de tu casa y cuando sus semillas se sequen, sóplala para que tus  pensamientos lleguen a quien anhelas".


El pálido tallo del Diente de León

asombra al pasto,

y el invierno al instante se transforma

en un infinito Ay de mí –

el tallo sostiene un pimpollo de señal

y luego una esplendente flor, –

la proclamación de los soles

que la sepultura pasó.

Emily Dickinson  (1881)


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Cómo vivir mejor. Los dominios del Khan - Carbonero garrapinos


domingo, 14 de marzo de 2021

Una vida que procura felicidad - Ruiseñor común

 



Ruiseñor común,  Luscinia megarhynchos

Quizá sean los rusos de la ciudad de Kursk quienes más admiran a este pájaro esquivo que gusta de ocultarse en el matorral. Le han construido un monumento y en los tiempos antiguos eran capaces de entregar dos vacas o dos caballos por un ejemplar. Irán o Bangladesh también aman a este ave de aspecto insignificante cuyo canto resplandece desde la espesura sobre el de todos los demás. Cómo es posible una vida oculta que procure tanta felicidad. Los amantes le escuchan en la noche y es el símbolo de que aún no ha amanecido, de que aún no se han de separar. 



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid



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En el juncal encantado - Gallineta de agua

Volcanes lejanos- Paloma torcaz

La abundancia y la suerte - Garza imperial

Una razón como un pájaro - Petirrojo



martes, 23 de febrero de 2021

Disfrutando del oro de los días - Lagarto ocelado

 



Eran tiempos revueltos. La India chocaba con Asia y en Sudamérica aparecían las praderas. Habían pasado diecisiete millones de años y el Mioceno en todo su esplendor. Cuando aún le quedaban seis, los mares estaban repletos de ballenas y focas;  la espesura de rinocerontes y caballos. Y al sol, disfrutando del oro de los días, ya estaba allí, el lagarto ocelado. A su lado, aún monos felices andábamos dando brincos sin hipotecas ni comida basura. Mientras, esta criatura hermosa y antigua se cuidaba, si era joven, de cruzarse con los gatos aunque de adulto, con ese aspecto imponente y su más de medio metro de largo, no eran capaces ni en el Mioceno ni ahora de maullarle. 



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid



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Flores marinas - Pablo Neruda - Púrpura, un color como la llama ardiente y el mismo sol

De caballos y diluvios - Babosa negra


Índice de todas las entradas de este blog

 

           Animales

                         Aves  

Escama o pluma - El azar y la necesidad - Pere Alberch

Sucede que, a veces, el mundo es perfecto - Tórtola turca. Streptopelia decaocto

Un camino de ruiseñores - Laguna de Soto de las Juntas, Parque Regional del Sureste. Rivas-Vaciamadrid

El palomar perfumado de incienso y benjuí - Paloma, Columba livia

El bosque rubio de Talamanca del Jarama, Madrid

Vive por las ramas, canta en el mundo - Petirrojo Erithacus rubecula - Colmenar Viejo, Madrid

La vida atareadísima - Abubilla, Upupa epops - Colmenar Viejo, Madrid (España)

Hacían zozobrar los navíos- Cigüeña, Ciconia ciconia.

Que no conocen la vasta soledad de las ciudades - Cotorra argentina - Myopsitta monachus

Fiel a la alegría - Avión común, Delichon urbicum - Colmenar Viejo, Madrid

En estos días de nieve y sal - Petirrojo, Erithacus rubecula - Colmenar Viejo, Madrid 

Pastoreando en la hierba cana - Jilguero Lúgano, Spinus spinus - Dehesas de Guadarrama, Madrid

Como espectro de ave - Águila ratonera-   Buteo buteo

Un pájaro sin memoria - Cormorán - Phalacrocorax carbo

Reina del florecer -  Cigüeña blanca, Ciconia ciconia.

Estáis a tiempo - Golondrina daúrica

Que no hay sitio en vuestras ciudades - Gorrión 

A Suecia sin Blablacar - Mosquitero musical 

Apiadarse del desconsuelo. Urraca

Renegar del hielo - Jilguero en cardo

Un plumaje que anuncia la penumbra - Somormujo

Cómo vivir mejor. Los dominios del Khan - Carbonero garrapinos

Cómo los alegres pinzones cambiaron el mundo. Las Galápagos, Fray Tomás de Berlanga

Sed de gracia - Cisne

Esperando junto a los campos de batalla - Buitre leonado

Pájaros en la cabeza - Las rapaces de Iñaki Díez Cortaberría. Museo de Ciencias Naturales

Bello en vuelo - Alcaudón común

En el juncal encantado - Gallineta de agua

Volcanes lejanos- Paloma torcaz

La abundancia y la suerte - Garza imperial

Una razón como un pájaro - Petirrojo

Antes del hombre, el pato

Llenarnos de un canto nuevo - Zarcero común

De blanco azúcar - Garza y garceta común

De la mitad de los sueños - Mochuelo común

Del anhelo de viento - Grullas

Una vida que procura felicidad. Ruiseñor

Un ave del Viejo Mundo - Tarabilla

De los emperadores de la China - Martín pescador

De océano y costa - Gaviota patiamarilla

Aligerar, empequeñecer - Garceta común

Siegan para él, hierbas en flor y le dan agua de los ríos y piensos cereales - El caballo

Podemos construirlo de nuevo - Mito

El corzo o la hermosura

De azul cielo y agua limpia -  Rabilargo 

Las cogujadas pastoras

 La salvaje belleza alada - Garza real  

                    

            Mariposas   


    

         Moluscos

Flores marinas - Pablo Neruda - Púrpura, un color como la llama ardiente y el mismo sol

De caballos y diluvios - Babosa negra

                Serpientes 

La más sagaz de todas las fieras - Culebra bastarda, Malpolon monspessulanus - Adolfo Roitman, antropólogo 

                 Peces

El pez que temía a los truenos - Carpa, Cyprinus carpio - Madrid Río (España)

                 Vegetales

Un oso en un campo de plata - Arbutus unedu - Madroño (Madrid, España) 

Cabalgado sobre el jardín del mundo - Francisco Vázquez de Coronado

Como un antiguo barco fondeado en la piedra - Musgo en San Lorenzo de El Escorial (Madrid) - Bryophyta

Bajo la poesía de su sombra, tilo plateado - En Madrid y en Rumanía, Tilia tomentosa

Este divino descontento bajo el cielo de verano - Árbol de Júpiter, Lagerstroemia indica, Colmenar viejo (Madrid)

Capaces de romper el viento - Naranjo de Luisiana, Parque de Andalucía. Alcobendas (Madrid)

Anhelo de cielo o de estrellas - Zapatitos de la Virgen

Buenos tiempos para las malas hierbas. Real Jardín Botánico

Encima del invierno la flor de la camelia - Museo Thyssen Bornesmiza

Semillas viajeras en barcos de vela - Maria Thereza Alves - La Casa Encendida

Un agua hermosa y clara - El árbol del dragón -El Bosco, Museo del Prado

En la estación dorada vuelve a brillar el peral - Theodor Fontaine y La Hiruela

Sobre lo oscuro brilla el almendro - Quinta de los Molinos, San Lorenzo de El Escorial 


                      Flores 

Estas especies de seres - Peonía. Paeonia broteri - Embalse de Pedrezuela - Guadalix de la Sierra

Jardineros generosos - Calas - Avenida de Machupichu. Canillas, Madrid - Zantedeschia aethiopica

Un interminable sosiego - pseudonarciso, lirio de cuaresma -Avenida del Mediterráneo. Colmenar Viejo (Madrid) 

Púrpura o quizá violeta y carmesí - Amor de dama, orchis morio - Cuenca Alta del Manzanares (Madrid)


También feliz entre las patatas - Rábano silvestre - Raphanus raphanistrum

Desde qué mundo se nos contempla con agrado y bondad -  Lirio de paz - spathiphyllum - Real Jardín Botánico (Madrid)


El tiempo está de nuestra parte, pronto llegará el verano - Lirio común, Iris germánica - Madrid, España 



La Naturaleza tiene sus propios milagros. Pasiflora azul - Passiflora caerulea - Avenida del Mediterráneo, Colmenar Viejo (Madrid)

Un jardín sumergido. Hortensias, Hydrangea - Calle Bois y Morer, Barrio de Vallehermoso - Madrid

Un paraíso involuntario - Abrepuños, cardos - Centaurea Ornata, Colmenar Viejo (Madrid)

Un destino de belleza y misterio - Orquídeas, Orchidaceae - Jorge Orlando Melo, Charles Darwin y Elizabeth von Armin - Orquidario de Estepona (Málaga)

Como un don del mundo - Hibiscus en el Paseo marítimo de Málaga.

Con la fe de todas las cosas que quieren vivir - Amapolas, Papaver rhoeas - Dehesa de Colmenar Viejo, Madrid

Inflamados de primavera - Tulipanes (Tulipa) - Semana Santa - Paseo de Recoletos y Jardines del Palacio Real (Madrid)

El audaz viaje de los sueños - Diente de león. Taraxacum officinale - Senda de el embalse de Manzanares el Real (Madrid)

Llamando a la resurrección de todos nosotros - Junquillos. Narcissu triandus - Dehesa de Navalvillar, Colmenar Viejo (Madrid)

LLenos de frescura, ajenos a la derrota - Trompeta de ángel, Brugmansia arborea - Invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela, Madrid

La sosegada belleza del agapanto - Agapanthusen el Parque Felipe II, San Lorenzo de El Escorial - Madrid














                                        Rosas







            Arte-Exposiciones 


El dios de la tormenta y las desgracias soñadas - Soy Asurbanipal. Exposición CaixaForum. Madrid

La fantasía de los viajeros y la historia de los animales - Ángel Cabrera en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid

Mirar un tiempo - Alicia Castilla. Paisajes de Silencio, Mad is Mad Gallery. Madrid

Una peonía canta en la noche - Carmen Varela. San Fernando de Henares (Madrid)

Luz que brilla en la oscuridad del presente - Leticia Reyero. 

Un Cielo de nuestra creación - Desenfocados, Caixaforum Madrid

El imaginario fósil de Joam Rom - No hay ninguna necesidad de subir la montaña - Casa Encendida

El mundo se ha apartado de la tierra. Paisaje de desmonte, 1957 - Alfredo Alcain. Sala Alcalá - Madrid

Retratar el asombro, reflejar el silencio - Símbolos de Marcin Ryczek - Palacio Quintanar. Segovia

Tierras olorosas - Búcaros. Valor del agua y exaltación de los sentidos en los siglos XVII y XVIII - Museo de América. Madrid, España

La vida en las aguas superficiales - Poema del Atlántico. Mar en reposo - Néstor reencontrado - Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Un corazón que conoció las pasiones -Cuervos 烏 , Corvidae - Masahisa Fukase, 深瀬 昌久 - Círculo de Bellas Artes, Madrid - PHotoEspaña

Exposición Geológica - Colección Martín Fernández. La colección geológica particular más importante de España en la Casa de la Cultura de Tres Cantos (Madrid)

Pájaros que son todo de vuelo - Paloma (Columbidae) - New Kim y Elliott Erwitt en Fundación Canal

Una tierra de riquezas inmensas - Quadro de la Historia Natural Civil y Geográfica del Reyno del Perú - Biblioteca Nacional de España

El orgullo y la plenitud de la vida - La luz que nos ciega, Antonio Guerra - Real Jardín Botánico, Madrid - Fundación ENAIRE y PHotoEspaña

El espasmo de los volcanes y el viento de la noche, la obsidiana - El espejo humeante, Miguel Ángel Blanco - Museo Nacional de Antropología (Madrid)

A la luz del jardín - Joaquín Sorolla y Esteban Vicente - Museo Esteban Vicente, Segovia

La vida en silencio - Rafael Navarro, Cuerpo y naturaleza. Universos soñados - PhotoEspaña 2022 - Centro de Arte, Alcobendas (Madrid)

Un mundo de incertidumbre y belleza. Isabel Leñero sobre el Códice De la Cruz-Badiano - Instituto de México en España.

Los olmos heridos de Juan Zamora - El canto de un árbol quemado - Grafiosis en CentroCentro

Blancos abrasados, negros profundos - Los paisajes descritos de Bill Brandt Fundación Mapfre, Madrid 

Los soñadores  

En mi corazón soy un chico de campo. George Stubbs

Un rostro es como un paisaje. Santiago Ydáñez

El agua nos hace felices

Un amor en el que crecen las flores - Petrit Halilaj Museo Reina Sofía

El agua, el pez, el árbol, las nubes - Lee Friedlander - Fundación Mapfre

La belleza de los atlas celestes - Astronomicum Caesareum, Petrus Apianus - BNE

De los vegetales al hombre - Nudos de Paula Anta en el Real Jardín Botánico

El mar y los viejos maestros: Van Gogh, Turner, Monet, Ting-Qua -Reuben Dangoor 


         Lugares 

De origen profundo y seguro - Bueyes y peces de colores - El Pilancón, Guadalix de la Sierra

Nuestros antiguos lugares - Abedular de Somosierra, Dehesa Bonita. Madrid

Señor de las aguas - Pesquerías reales, río Eresma - Valsaín, Segovia

De clima tan dulce - Calpe y el Peñón de Ifach (Alicante, España)

El mundo apacible al pie de Guadarrama - Eduardo Rodera

Cazar la sombra del sol al vuelo. Los templarios y San Bartolomé de Ucero, Soria

Poblado de montes y frutales, de aguas claras y sutiles - Don Blas y Miraflores de la Sierra - Federico Olóriz y Santiago Ramón y Cajal - Madrid

Olvidarse del mundo y ser sólo distinción - Jardines de Vista Alegre, Carabanchel - Madrid

Contemplados por las rosas - Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, Segovia

El único fiel de un templo vacío - Lirio común - Lilium - Jardines de los Palacios de la Finca Vista Alegre - Carabanchel, Madrid

Nosotros tenemos la pasión de la tierra - Ana María Matute.


                Geología

Lo que sobrevive a la vida - Bezoares

Y todo será geología - Colección geológica Martín Fernández Hernán - Museos geológicos al aire libre, Colmenar Viejo (Madrid)

             Libros 

Diario de nubes - J.W. Goethe en edición de Nórdica

Comer dragones - Los animales en la novela Las hogueras de Concha Alós. Premio Planeta 1964

Ecoanimal - Marta Tafalla - Editorial Plaza y Valdés 


                             



domingo, 21 de febrero de 2021

Encima del invierno, la flor de la camelia - Eben Gowrie en Australia y el Museo Thyssen Bornemisza en Madrid


El mundo entero estaba allí dentro, explican los historiadores, tenían la pintura más agradable, la porcelana más delicada, los versos más bellos y la flor más hermosa bajo los cielos. Así que, los dueños de aquel imperio, lo amurallaron para solazarse en él y dejaron de interesarse por otros lugares.

Camelias blancas, rosadas y llameadas flanquean estos días las puertas del Museo Thyssen Bornemisza. Una flor de oscuridad, "nacida en el frío y para el frío": en la muerte del invierno aparece la luz de la camelia que se apaga en primavera, cuando las otras florecen.

Dieciséis emperadores de la familia Zhu gobernaron China durante casi tres siglos, una época dorada. Bajo los Ming, los grandes señores trazaban sus jardines siguiendo tratados como la Superación de las obras celestiales. "El rey llega al gran estanque, los peces saltan sin parar". Los muros cargados de flores eran muros de mujer, las plantas que rodeaban el pabellón de escuchar la lluvia eran diferentes y así, cada hoja procuraba una diferente tonalidad musical. 

Quizá la flor de la camelia llegó a Galicia en los navíos portugueses procedentes de Macao y encontró en esas tierras, un lugar para la devoción. Desde hace más de 50 años, se celebra un encuentro internacional para elegir la camelia más blanca y la más bella de todos sus jardines atlánticos. Aquellos suelos ácidos, la humedad y la umbría que otras flores rechazan, son los más amados por la camelia.

Cura las quemaduras de fuego, explicaba el gran médico imperial Li Shi-zhen y el té, elaborado con sus hojas, nos devuelve al mundo en serenidad. Al marchitar, no se deshoja como otras flores, cae por entero y el sonido es evocado en delicados versos japoneses. La camelia se entrega plena a nuestro consuelo. 

En Occidente, sin embargo, en el siglo XIX, el favor de la camelia se apagó frente a las orquídeas. Eben Gowrie Waterhose, lingüista reconocido en la primera etapa de su vida, después diseñador de profunda huella en los jardines de toda Australia, aprendió japonés a los 80 años para poder hablar de camelias con los japoneses, abriendo así la tercera de sus carreras profesionales como autoridad en esta flor. Sus estudios desataron un renovado interés mundial por ellas. 

Waterhouse nombró cientos de variedades de camelia, llenó sus jardines de árboles del coral y escribió extensamente sobre la manera de darles tonalidad atrayendo mariposas de los colores adecuados. 

Nunca estuvo solo en su pasión, explica Miguel Ceballos, su compañera fue experta en componer ikebanas con camelias. Waterhouse logró desarrollar una variedad blanquísima a la que nombró Janet, en honor a ella. Pero no fue suficiente, desarrolló otra de color rosa pálido, y le puso el suyo para que ambas figuraran juntas. 


¿De dónde viene este viento perfumado por la flor fugaz de la camelia?

 Por él salgo a desafiar el frío de la media mañana. 

Demasiado pobre para comprarlas, pinto una en el papel.

La flor de la camelia verdadera se marchitará en un jarrón, 

quedando acaso su perfume en la memoria 

de quien pudo comprarla; 

pero ésta mía no teme ni el viento frío ni la lluvia leve 

y por mucho que el tiempo pase, persistirá. 

Ma Hsiang Lan 



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miércoles, 17 de febrero de 2021

Del anhelo de viento - Grulla

 


Grulla - Grus grus


Antes de la madera fue el hueso. Los hombres usaban las tibias de las grullas, el cúbito de los gansos pero también huesos de cigüeñas o venados para construir sus flautas, el instrumento musical más antiguo que conocemos. Quizá en tiempos remotos el hombre quiso volver a escuchar el viento en los días de calma. El aire agitando las espigas maduras, acariciando los troncos de los árboles frutales; un sonido de vida tan dichoso que soplaron en cañas, agujerearon huesos y  tornearon maderas para poder deleitarse con la música de los cañaverales. Al igual que estas grullas sobrevolando los cielos invernales, nosotros también anhelamos la libertad de los vientos, criaturas que suplen con imaginación la falta del coraje que poseen las aves al lanzarse en vuelo. 



La salvaje belleza alada - Maribel Orgaz
Momentos en la Naturaleza - Edita, ANAPRI-Leerenmadrid

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